Esta investigación pone sus esfuerzos en el desarrollo de climas institucionales positivos donde el respeto y la confianza relacional es un factor clave para la promoción de estrategias de mejora educativa en línea con el avance en los aprendizajes de los estudiantes, la convivencia, la democracia y la equidad. En ello es clave la acción de los líderes escolares, para que la resiliencia y la confianza relacional sean competencias profesionales fundamentales en sus escuelas, especialmente en contextos complejos y desventajados. Acompañado de este estilo de liderazgo (positivo), también surgen desde el marco teórico los espacios de participación, dialogo, reflexión y toma de decisiones en los centros educativos (liderazgo compartido), tan necesarios en las escuelas del estudio de campo; logrando las condiciones para la creación de Comunidades de Aprendizaje Profesional. Ahora bien, estos estilos de liderazgo son netamente instrumentales que tributan a un bien mayor, el liderazgo para la justicia social. Este tipo de liderazgo pretende otorgar equidad y justicia a los segmentos de las unidades educativas más desposeídas. Entregando un mínimo de entramado social que promueva relaciones más fraternas y colaborativas. Generando de espacios de promoción, no sólo para los y las estudiantes, sino también para sus familias.
Como el estudio de campo es un fenómeno, se utilizó un diseño cualitativo y los instrumentos como base son entrevistas semi estructuradas a diversos actores de las comunidades educativas. Además, se incorporaron los Proyectos Educativos Instituciones (PEIs) y los Diagnósticos Integrales de Aprendizaje (DIAs) a la reflexión. A su vez, fue necesario incorporar nuevas miradas a la reflexión metodológica, como fueron las cartografías gráficas para sintetizar lo más relevante de las entrevistas y el enfoque biográfico narrativo, que permite identificar lo medular de cada opinión y testimonio. Los actores entrevistados fueron los directores, docentes directivos, encargadas del Proyecto de Integración Escolar (PIE), docentes, asistentes de la educación, apoderados y docentes jubilados. Estos últimos incorporados con posterioridad a la reflexión. Para su análisis fue necesario utilizar una grabadora de voz convencional en mp3, transcripciones de la entrevistas por medio del software Happyscrib y el análisis de códigos y densidades por medio de Atlasti 7.
Los análisis comenzaron desde una reflexión vertical, es decir, por centro; para luego dar paso a un análisis transversal, donde se reflexiona por actor independiente del centro. Además, se incluyó al análisis un grupo de discusión de los directores de los centros y una entrevista a la asesora técnica de los centros educativos.
Los resultados fueron contundentes, los dos factores que más resuenan en los actores de los centros son la burocracia administrativa y el liderazgo autocrático, que rigidizan los procesos internos, obstaculizando los aprendizajes. A su vez, existe una línea divisoria muy marcada entre los cargos directivos y los demás actores. Los directivos por un lado, mencionan lo relevante de la confianza para desarrollar buen clima escolar y colaboración en sus funcionarios. Por el contrario, los demás actores mencionan la necesidad de formación de sus directivos en habilidades blandas, con el fin de generar ese anhelado clima escolar. Además, los directivos ven con preocupación la formación docente en las instituciones de educación superior; esta preocupación se basa en los VIII nulos recursos que existen para una formación continua de prácticas de justicia social en los centros. Sin duda que esta mirada está fundamentada en la rigidez existente en los sistemas macro y meso, que dificultan la labor educativa.
Se puede concluir que a nivel macro debiese existir mejor legislación que fomente no sólo más financiamiento, sino también un proyecto nacional acerca del ciudadano que se debe formar. Sin duda que, como primera medida, es necesario que las instituciones de educación superior formen a esos profesionales que influirán en la formación de esta persona del mañana. Además, se desglosa que la educación superior debe contemplar formación en habilidades blandas, sobre todo en educación. Estas competencias son la base de una experiencia educativa más inclusiva y equitativa, que desarrolle climas de confianza relacional con el fin de generar relaciones más fraternas en todas las esferas de la sociedad. Ahora bien, los gobiernos debieran invertir en estos ámbitos, por lo mismo es necesario un aumento sostenible en educación por medio del PIB. Estos recursos permitirían un aumento en la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas a través del tiempo, formando una sociedad más humana y socialmente justa.
A nivel meso, los nuevos sostenedores (SLEP) debieran considerar mejores incentivos para que sea atrayente trabajar para el sistema, sobre todo en la orgánica institucional. Así también, sería interesante considerar recursos frescos para invertir en infraestructura de los centros, deteriorados debido al abandono municipal. Además, incentivar a las escuelas a trabajar en red, cooperando mutuamente y homogeneizando los PEIs y PMEs, otorgando una base común que de sentido de pertenencia a las comunidades y territorios. Este trabajo en red promueve una lógica de desarrollo local que actualmente no existe en los sectores públicos, lo que permitiría mayor coordinación en los barrios y organizaciones comunales para el bienestar de la población.
A nivel micro, son necesarios espacios de participación y reflexión axiológica, provocando diálogos comunes y constructivos. La formación en habilidades blandas deriva en una praxis más preventiva que reactiva, como sucede actualmente. Desarrollar dimensiones como la benevolencia, honestidad, apertura, predictibilidad y competencia al interior de los centros educativos, promovería participación, compromiso y diálogo.
Como se evidenciará, la confianza (liderazgo positivo), la participación y la toma de decisiones (liderazgo compartido) , el reconocimiento, la representación y la redistribución (liderazgo para la justicia social) promueven escuelas con un fuerte sentido social y equitativo, que desarrollen procesos de excelencia para todos los que cohabitan al interior de las instituciones educativas.
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