La investigación sobre el procesamiento emocional de los niños con altas capacidades es un tema complejo y aún por resolver. Esta tesis por compilación de tres publicaciones se centra en el procesamiento emocional, el perfil cognitivo y la inteligencia emocional de los menores con altas capacidades, en comparación con sus pares de desarrollo normotípico. Aún existen discrepancias y preguntas sin resolver, pero es evidente que los niños con altas capacidades presentan características distintivas en sus procesos emocionales, habilidades cognitivas y competencias emocionales.
El primero de los artículos es un artículo de opinión. En él se pone de manifiesto la falta de consenso en cuanto a las definiciones de la alta capacidad y las conclusiones relacionadas con los procesos emocionales de estos niños. Aunque algunos autores sugieren que los niños superdotados tienen mayores capacidades intelectuales pero menores habilidades socioemocionales en comparación con sus pares, otros argumentan que la superdotación intelectual está acompañada de altas capacidades socioemocionales. Esta discrepancia refleja la necesidad de contar con pruebas científicas sólidas para respaldar estas diferencias observadas.
Los otros dos artículos se hicieron con un grupo de menores con altas capacidades y un grupo de menores con desarrollo intelectual promedio, quienes completaron una serie de pruebas detalladas en el apartado de método. La muestra total estaba integrada por 187 menores españoles, con edades comprendidas entre los 8 y los 17 años. De los cuales, 118 participantes pertenecían al grupo de altas capacidades, siendo 38 mujeres y 80 varones, con una edad media de 11.2 años. El grupo de desarrollo normotípico estuvo formado por 69 participantes, de los cuales 23 eran mujeres y 46 varones, con una edad media de 11.7 años.
En relación al segundo artículo sobre el perfil cognitivo de los menores con altas capacidades en comparación con sus pares de desarrollo normotípico, sus resultados revelan diferencias significativas en el perfil cognitivo entre ambos grupos. Ello respalda la idea de que la sobredotación intelectual está relacionada con la sobredotación cognitiva. Estas diferencias no se limitan a un dominio cognitivo específico, sino que abarcan diversas áreas cognitivas. Además, se destaca que las habilidades cognitivas relacionadas con las funciones ejecutivas, como la memoria de trabajo, la inhibición y la atención dividida, son especialmente destacadas en los niños superdotados. Esto sugiere una estrecha relación entre las funciones ejecutivas y la inteligencia, lo que abre la puerta a futuras investigaciones sobre los componentes subyacentes de estos factores ejecutivos y su conexión con la inteligencia.
En el tercer artículo, se examina la inteligencia emocional de los niños con altas capacidades en comparación con los niños con desarrollo normotípico. Aunque no se encuentran diferencias significativas en el cociente emocional global entre ambos grupos, se observan diferencias en las escalas individuales que componen la inteligencia emocional. Por ejemplo, los niños con altas capacidades muestran una mayor adaptabilidad, lo cual puede estar relacionado con su flexibilidad cognitiva y su capacidad para resolver problemas de manera creativa. Sin embargo, también se evidencian puntuaciones más bajas en la escala intrapersonal, lo que indica dificultades para entender y evaluar sus propias emociones. Estas diferencias resaltan la importancia de desarrollar protocolos educativos, familiares y sociales que tengan en cuenta las fortalezas y debilidades emocionales de los niños con altas capacidades, especialmente en el ámbito intrapersonal.
Estos tres artículos proporcionan una visión integradora sobre los niños con altas capacidades, centrándose en el procesamiento emocional, el perfil cognitivo y la inteligencia emocional en comparación con sus pares de desarrollo normotípico. Los hallazgos de cada estudio subrayan la importancia de abordar de manera integral las necesidades socioemocionales de esta población, tanto en el entorno educativo como en el familiar y social. Al comprender mejor las complejidades de su desarrollo, se pueden diseñar intervenciones adecuadas que promuevan su bienestar emocional y su pleno potencial intelectual. Es esencial fomentar un ambiente de apoyo y comprensión que permita a estos niños desarrollar y utilizar tanto sus habilidades cognitivas como emocionales.
Además, es fundamental brindar oportunidades para que los niños con altas capacidades se relacionen con sus pares y experimenten un sentido de pertenencia. Esto puede ayudarles a desarrollar habilidades sociales y emocionales, así como a evitar posibles problemas de aislamiento y baja autoestima. Considerar las necesidades socioemocionales de estos menores y proporcionarles un entorno de apoyo que promueva su desarrollo integral, es brindarles la oportunidad de optimizar plenamente sus habilidades excepcionales en beneficio de sí mismos y de la sociedad en general.
Finalmente, es importante resaltar que el estudio del procesamiento emocional, el perfil cognitivo y la inteligencia emocional de los niños con altas capacidades es un campo en constante evolución que debe seguir con actividad investigadora para romper mitos sobre las altas capacidades y para orientar la práctica piscoeducativa hacia el desarrollo de programas educativos y sociales útiles para el desarrollo afectivo de la población con altas capacidades, atendiendo a las capacidades cognitivas y a las fortalezas y debilidades emocionales.
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