Cádiz, España
Málaga, España
El presente artículo analiza una parte, si bien mínima, es fundamental de la obra inabarcable de Noam Chomsky: su sentido de la educación, así como sus acertadas y severas críticas a la educación institucionalizada. Para ello, situamos a Chomsky como un claro ejemplo de parresiastés, un intelectual distinto, enormemente crítico con lo que ocurre y comprometido, en tanto intelectual, con el conocimiento y la transformación de las injusticias. A su vez, el compromiso de Chomsky como intelectual, es decir, su responsabilidad, le conecta con su defensa de la democracia participativa; una idea de democracia que pueda ser defendida a través de la ciudadanía formada y educada del poder mediático. Pero una democracia con una ciudadanía activa y participativa necesita de una educación a su vez activa y no adoctrinadora, en la que no se nos socialice para aceptar el poder establecido. Aquí, el mismo autor no reconoce, Chomsky se engarza con Dewey, porque al igual que este último, Chomsky considera un imperativo moral averiguar la verdad y difundirla. Una educación que no solo ponga en cuestión los cimientos ocultos de las democracias en las que viven, sino que también suponga una manera de vivir la democracia en su vida escolar.
This article analyzes a small but fundamental part of Noam Chomsky’s vast work: his sense of education; as well as his accurate and severe criticism of institutionalized education. To do this, we place Chomsky as a clear example of parreiastés, a different intellectual, enormously critical of what happens and committed, as an intellectual, to the knowledge and transformation of injustices. In turn, Chomsky’s commitment as an intellectual, that is, his responsibility, connects him with his defense of participatory democracy; an idea of democracy that can be defended through trained and educated citizens of media power. But a democracy with an active and participatory citizenry needs an education that is active and not indoctrinating, in which we are not socialized to accept the established power. Here, the author himself does not recognize, Chomsky links himself with Dewey, because like the latter, Chomsky considers it a moral imperative to find out the truth and spread it. An education that not only calls into question the hidden foundations of the democracies in which they live, but also represents a way of living democracy in their school life.
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