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Las desaparecidas de la iglesia: desentramando historias y memorias de mujeres en argentina

    1. [1] Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

      Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

      Argentina

    2. [2] Universidad de Buenos Aires

      Universidad de Buenos Aires

      Argentina

  • Localización: Religiosas en América Latina. Memorias y contextos / Ana Lourdes Suárez (ed. lit.), Brenda Carranza (ed. lit.), Mariana C. Facciola (ed. lit.), Lorena Fernández Fastuca (ed. lit.), 2020, ISBN 978-950-44-0106-3, págs. 105-124
  • Idioma: español
  • Enlaces
  • Resumen
    • En América Latina, el impulso de hacer de la historia de las mujeres de la Iglesia algo más que “un chisme”, tal como la caracterizó Bidegain (2006, p. 40), tiene ya más de una década acumulada de trabajo. En esa línea, existe un conjunto de trabajos que, tanto desde el enfoque memorial como sociohistórico, ofrecen un cuadro panorámico del protagonismo de las mujeres en el catolicismo argentino y/o latinoamericano, desde los años veinte a los sesenta (Bidegain 2006; 2009; Touris, 2006; Catoggio, 2010; Pita, 2010; Barry, 2011; Anchou, 2013; Bianchi, 2015; Denuncio, 2019). En cambio, el período de las dictaduras en América Latina ha sido menos trabajado desde esta perspectiva. Al respecto, es pionero el trabajo panorámico de Cubas (2018) sobre la vida religiosa femenina en Brasil en esa época. El caso argentino, en cambio, ha sido fundamentalmente objeto de estudios, tanto testimoniales, periodísticos, como académicos, que incluyen a las mujeres marginalmente, sin poner el foco en ellas (Mignone, 1986; Siwak, 2000; Verbitsky, 2006; Obregón, 2007; Dominella, 2010; Domínguez 2013; Catoggio, 2016; Santos, 2017 y Contardo, 2017). Finalmente, existe otro grupo de trabajos dedicados al caso emblemático de la desaparición de las monjas francesas, Alice Domon y Léonie Duquet, ocurrida entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977, que tampoco problematizan la dimensión de género (Welty Domon, 1987; Cabrejas, 1997; 2016; Feld, 2012; Catoggio y Feld, 2020). En este sentido, podemos decir que la historia de la represión a la Iglesia Católica se pensó desde una óptica fundamentalmente masculina. Desde esta óptica, la figura del mártir fue central para dar sentido a la represión y para instalar un deber de memoria de obispos, curas –e, incluso, religiosas– asesinados, detenidos y/o desaparecidos, recordados hoy como mártires; pero dejó en un cono de sombra a las catequistas, misioneras y/o maestras rurales católicas que, desde posiciones de mayor o menor relevancia, quedaron fuera del radar de la memoria. Mi propio trabajo se interrogó poco por las religiosas que, sin ser desaparecidas, fueron objeto de la vigilancia y la represión. Este vacío se profundiza aún más si consideramos su realidad numérica: ellas eran la población más numerosa de los elencos dirigentes del catolicismo (obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas). Según estadísticas de 1974, publicadas en el anuario pontificio de la Santa Sede en 1975, las religiosas alcanzaban la cifra de 12.363 mujeres distribuidas por todo el país. Tal cifra contrasta con la población masculina de religiosos, sacerdotes y obispos que, para la misma época, sólo alcanzaba la suma de 8.957. Esta realidad numérica desentona con la escasa visibilidad pública de las religiosas como parte de una institución de larga tradición y legitimidad para amplios sectores de la sociedad argentina (Catoggio, 2016). Por otra parte, como es sabido, la trama asociativa para denunciar las violaciones a los derechos humanos que se constituyó durante la última dictadura militar tuvo como uno de sus actores colectivos más visibles a organizaciones integradas exclusivamente por mujeres, o con una alta participación de ellas. Estas asociaciones fueron creadas para denunciar públicamente y dar contención a la angustiosa situación de las víctimas y familiares de detenidos y desaparecidos del terrorismo de Estado. Madres de Plaza de Mayo es quizás el caso emblemático. Aun cuando, como sabemos, la condición femenina no era salvoconducto frente a la represión estatal, coyunturalmente los actores en situación entendieron que el corte de género era una barrera protectora a la hora de salir a la calle. Con este horizonte, la Madres y, luego, también las Abuelas de Plaza de Mayo hicieron propio el espacio público y relegaron a sus maridos al ámbito seguro de lo privado. En sus orígenes, estas reuniones de mujeres no recuperaron como referente identitario a los movimientos cohesionados en torno a demandas feministas –existentes en el país desde comienzos del siglo XX– sino que reforzaron la identidad mayoritaria entre ellas de madre católica que traían de sus hogares (cfr. Krier, 2008). El núcleo originario que inició sus actividades en la Iglesia Santa Cruz no solo estaba integrado por madres, como dijimos, sino también por, al menos, una monja, Alice Domon, desaparecida junto con María Ponce de Bianco, Azucena Villaflor de Vicenti y Esther Ballestrino de Careaga. En contraste con el rol de las madres, extensamente trabajado, ha sido poco investigado el papel que desempeñaron las mujeres consagradas y/o laicas a la hora de hacer frente a la represión estatal. Frente a este vacío, cobra relevancia abordar este colectivo de mujeres religiosas. En este marco, ¿por qué estudiar a las mujeres de la Iglesia durante la dictadura? ¿Quiénes integran este colectivo de “mujeres”? ¿Cómo abordarlas? ¿Cómo pensar a las mujeres religiosas en el seno de una institución por definición machista, que históricamente ofreció pocos lugares de decisión, dirigencia y visibilidad para la participación femenina?A excepción de las “monjas francesas”, las religiosas, las catequistas y/o misioneras,víctimas de la represión estatal quedaron invisibilizadas primero por la misma institución, que no las reclamó como mártires. Así, ejemplos como el de Mónica Mignone son casos testigo: recordada como la “Hija de un ilustre militante de la Iglesia” (Siwak, 2000, p. 129) antes que por su identidad religiosa de “laica comprometida”. En parte, el problema de las cifras de las mujeres religiosas víctimas del terrorismo de Estado tiene este sesgo: aquellas que no tenían votos pasaron a la historia como mujeres desaparecidas sin más, y no como religiosas, por su misma invisibilidad institucional. En el caso de las religiosas, sus historias –salvo casos de represión flagrante– quedó subsumida bajo el anonimato de la pertenencia a estructuras institucionales lideradas por varones: el obispado, la parroquia e, incluso, sus propias congregaciones, siempre “acompañadas” de algún tutor eclesiástico, varón. En este contexto, este trabajo se propone sistematizar y analizar los casos conocidos hasta el momento de mujeres (religiosas y laicas) víctimas de la represión estatal con el objeto de analizar los modos en que son recordadas y homenajeadas y caracterizar las modalidades represivas de las que fueron objeto para ofrecer pistas de la relevancia de su estudio para futuras investigaciones.


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