Este capítulo versa sobre la perspectiva que tiene el argentino Jorge Luis Borges de la traducción comparada, para lo que se analiza el libro �Los traductores de Las mil y una noches�, recogida en su ensayo Historia de la eternidad. Borges contrasta el modo de traducir de los diversos traductores que aparecen en el citado libro. Según Borges, para ser considerado buen traductor, hay que fijarse en su capacidad de literato y en los �hábitos literarios que lo definen�, y considera que todo autor es un traductor en la medida que reelabora la historia literaria precedente y, además, incorpora su propia versión de lo leído.
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