El marco del presente trabajo nos lo proporciona el centenario de Miguel Hernández, que nos sirve la ocasión para reflexionar sobre la fortuna crítica de las letras valencianas en el mundo. Una somera fenomenología histórica de las mismas pone de manifiesto la importancia y entidad que tienen en el contexto de las letras nacionales. Además de su naturaleza bilingüe, su variedad genérica (el ensayo azoriniano, la lírica pura de Hernández, el pathos narrativo de Miró o el compromiso político de Blasco Ibáñez) y su riqueza de estilos y corrientes constituyen una paleta de cualidades única en el panorama nacional. Sin embargo, el estudio de la recepción de los autores valencianos en las lenguas europeas constata una presencia más bien modesta y no acorde con su calidad. Como hipótesis explicativa de este dato crítico se propone el papel que en los escritores valencianos ha desempeñado el paisaje y la reflexión sobre el mismo, paisaje que, a pesar de su exotismo, resulta de difícil acceso por parte del lector, del traductor y del crítico extranjero. Una cala en sendas obras de Blasco Ibáñez y Hernández sirven de comprobación.
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