A lo largo de su evolución histórica, el ser humano ha requerido resolver operaciones aritméticas básicas en diversas áreas como agricultura, el comercio, la ingeniería o arquitectura, incrementando progresivamente el grado de complejidad de estas operaciones. Con el advenimiento del comercio y la navegación, surgió la necesidad de realizar estimaciones de tiempo y geolocalización, tareas que las maquinas facilitaron mediante la ejecución de cálculos precisos. A partir de 1940, la tecnología aplicada a las máquinas tuvo un papel preponderante en los métodos de cifrado de mensajes. La Máquina Enigma, perfeccionada por el bando alemán, dio una ventaja inicial a la flota de submarinos alemanes haciendo sus mensajes de guerra indescifrables. El científico matemático británico Alan Turin desarrolló la primera computadora capaz de realizar un proceso lógico aplicado al cripto-cifrado, lo que representó un salto teorético al nacimiento de la computadora y la ciencia computacional. De acuerdo con Ertel (2011) este fue el punto de partida de las ciencias de la computación y la teoría de la complejidad (Figura 1) y desarrollos posteriores como las redes neuronales (Munkata, 2008).
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