Vivimos en un mundo atestado de pantallas, irremediablemente nos encontramos hiperconectados, de este modo habitamos un escenario ideal para expresar, compartir e interactuar, por lo que no resulta extraño que “cada vez las conexiones se normalizan a edades cada vez más precoces” (Gamito et al., 2020, p. 232). En el contexto de las relaciones sentimentales las ventajas de las redes sociodigitales (RS) destacan, entre otras, la facilidad para “presumir” la felicidad en pareja, además de comentar cada publicación del sujeto del deseo y con ello dejar plenamente establecido que se mantiene una relación sentimental y, sobre todo, prestan un auxilio inmejorable en la constante demanda de muestras de amor virtual. En este sentido, las redes sociales (RS), se han convertido en un espacio insuperablemente explotado para la socialidad, la diversión y la búsqueda de amor (Velázquez, 2022), debido a ello, la vivencia del cortejo, la seducción y el amor virtual, está ampliamente difundida en la vida cotidiana en los y las adolescentes y jóvenes del mundo entero (Alegría del Ángel y Rodríguez, 2015; Rodríguez-Salazar y Rodríguez-Morales, 2016; García-Sánchez et al., 2017; Alvídrez y Rojas-Solís, 2017; Escobar-Mota et al., 2019; Bonilla-Bravo, 2019; Romo-Tobón et al., 2020), gracias a Internet y en especial a las RS, se ampliaron los medios para coquetear, seducir, entablar amistades, conseguir encuentros efímeros y alcanzar amor con rapidez y relativamente a bajo costo. Esta “socialidad conectada” (Van Dijck, 2016), promueve una inefable promesa de felicidad (Benjamin, 2013), ilusión soñada que se incumple debido a la posibilidad latente de padecer del lado sombrío del uso de la red, en este caso específico, en las manifestaciones de ciberviolencia en general y de ciberviolencia en las relaciones sentimentales en particular.
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