México
Desde hace muchos años, la contaminación del aire ha sido un problema. Surge de la posibilidad de que los contaminantes sean transportados por el aire para ser depositados sobre las superficies de objetos. Los principales contaminantes suelen ser sustancias químicas en estado gaseoso como: el dióxido de carbono, óxidos de azufre, ozono, monóxido de carbono, clorofluorocarbonos, entre otros (Glencross, et al., 2020). El resto de los contaminantes presentes en el aire son denominados partículas suspendidas totales; las cuales se clasifican como partículas viables y no viables (Ki-Hyun et al., 2015). Las partículas no viables son sólidos o líquidos que se encuentran suspendidos y pueden ser arrastrados por las corrientes de aire. Estas partículas pueden tener un origen natural o antropogénico, por ejemplo: el polvo, el polen, productos de desintegración de partículas de mayor tamaño, entre otras. Por otra parte, las partículas viables son agentes de carácter microbiológico, por ejemplo: esporas, bacterias o virus que son arrastrados por el aire. Estos agentes microbiológicos por sus características pueden ser: patógenas, oportunistas y deterioradores (Hakim et al., 2019). El control de esos agentes microbiológicos en al aire es de suma importancia en áreas que requieran condiciones de esterilidad, áreas que cuenten con pacientes inmunocomprometidos, y en la industria alimenticia y farmacéutica, donde se pueda ver comprometida la inocuidad de un producto por la presencia de estos microorganismos. Debido a ello, surge la necesidad de diseñar dispositivos que permita disminuir y eliminar la presencia de estos microorganismos contenidos en el aire.
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