México
El conocimiento organizacional es un recurso vital para la creación de valor y la obtención de ventajas competitivas, considerándose un activo estratégico (Mudrychová et al., 2020). Este conocimiento se clasifica en tácito y explícito: el tácito, abstracto y basado en la experiencia individual, se comparte a través de interacciones (Pesantes-Espinoza & Perez-Soltero, 2023), mientras que el explícito, basado en hechos y teorías, puede documentarse y compartirse mediante diversos medios tangibles. El intercambio de conocimiento (IC) es crucial en las organizaciones, ya que permite compartir experiencias y habilidades para transformar el conocimiento en algo colectivo (Tangaraja et al., 2015). En las instituciones de educación superior (IES), las prácticas de IC incluyen publicaciones, presentaciones, talleres, reuniones y mentorías, que promueven la institucionalización del conocimiento académico compartido (Mazorodze & Mkhize, 2022). La incorporación de tecnologías de información (TI) ha ampliado las formas de IC, permitiendo un acceso más amplio a datos y facilitando la construcción colectiva del conocimiento (Mustapha et al., 2023). Sin embargo, se vuelve apremiante desarrollar métricas que evalúen objetivamente el desempeño del IC, especialmente en contextos donde las TI son centrales (Kuah et al., 2013). En este sentido, la arquitectura de procesos (AP) proporciona un marco estructural que permite analizar, modelar y generar métricas para evaluar el IC, alineándose con la estrategia organizacional y estandarizando buenas prácticas (Sabri, 2023).
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