Esta tesis doctoral parte desde un paradigma interpretativo que concibe el espacio educativo como una experiencia de aprendizaje y un factor pedagógico esencial en el desarrollo integral del alumnado, situándose en la intersección entre arquitectura y educación y en constante diálogo con múltiples ámbitos como la sociología, la neurociencia, la pedagogía y/o la psicología entre otros.
Históricamente, la arquitectura escolar se ha estudiado desde la perspectiva patrimonial y como reflejo de la evolución del sistema educativo y la sociedad en cada época. Su desarrollo ha estado condicionado por corrientes higienistas y funcionalistas, priorizando criterios técnicos y económicos por encima de consideraciones pedagógicas. Sin embargo, desde el paradigma de la educación del siglo XXI, los retos de la arquitectura educativa son bien distintos: la incertidumbre, la complejidad, la inmediatez, la intersección entre lo tangible y lo intangible, lo virtual y lo real, lo artificial y lo humano, etc. ¿Cómo diseñar un entorno educativo que responda a lo cambiante y a las necesidades emergentes del aprendizaje? La hipótesis central de la presente tesis doctoral plantea que el espacio educativo, entendido como un entorno dinámico con múltiples características sensoriales, influye en las emociones, las relaciones y el aprendizaje del alumnado. Desde esta perspectiva, la arquitectura escolar no debe limitarse al control y la contención del alumnado, sino que debe ser una invitación al aprendizaje a través de la exploración, la experimentación, la introspección, la interacción y la socialización. Dicho de otra forma, el espacio educativo debe concebirse como un escenario que propicie experiencias significativas y autónomas, enriqueciendo la vivencia de la escuela.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados