Esta Tesis de Obra comprende una investigación transdisciplinaria sobre modos de habitar, desde las áreas de arquitectura, artes y filosofía, enmarcándose en el programa de Doctorado en Estudios Interdisciplinarios de la Universidad de Valparaíso, en convenio de cotutela con la línea de Arquitectura y Urbanismo sostenibles del Doctorado en Ingeniería de Materiales, Estructura y Terreno de la Universitat d’Alacant, articulando discusiones de distintas disciplinas con prácticas y resonancias estéticas de Valparaíso y Sudamérica. La tesis iniciaba deriva en 2017 con la intención de pesquisar y potenciar gérmenes de insurrección en Chile, uno de los supuestos modelos liberales de éxito y progreso más publicitados a nivel global. El 18 de octubre de 2019 Chile Despertó en revuelta, y los acontecimientos desbordaron el marco: Habían sido los estudiantes secundarios quienes iniciaban una evasión masiva en el metro de Santiago. Con cada ‘salto al torniquete’ saltaba también a la luz pública una antigua pregunta: ¿Cómo convivir en un mundo más justo? Posteriormente, las máscaras anti-lacrimógenas dieron paso a las mascarillas anti-covid19, dificultando aún más la respiración (y conspiración) colectivas. Como dijera Félix Guattari al calor de las protestas estudiantiles del mayo del 68 francés, respirar se ha vuelto tan difícil como conspirar. Emerge nuevamente algo tan pocas veces visible, pero a la vez tan palpable como el clima o el virus: Emerge un malestar que atraviesa nuestros cuerpos, tierras, territorios, como ya aventuraban Suely Rolnik y Guattari en su largo viaje al Brasil de 1982. Entre revueltas y pandemias, ¿Cómo hacer del malestar una práctica creativa? ¿Cómo acortamos distancias entre el aula y la calle, la arquitectura y la vida? En tiempos de cambio climático, virus y extractivismos, tal vez haya llegado la hora de entrar en el fango colonial-capital para cuestionar la lógica desarrollista de problema-solución en el campo de la arquitectura, el urbanismo, el hábitat: en definitiva, la vida. También de ir más allá del cuerpo humano y su duración vital como patrón y medida: Articular una línea de tiempo que se remonta a milenios atrás, a la vez que incorporar múltiples parámetros, moleculares o cósmicos, en el análisis, tal como remarcan Nader Tehrani, Peder Anker y Nina Edwards Anker a través del trabajo arquitectónico Geostories de Design Earth. Atenderemos a esta PREGUNTA LLAVE: ¿Cómo podríamos reconciliar la dimensión microcósmica de los territorios con los acotados y cortoplacistas tiempos disciplinares de la arquitectura para potenciar y genealogizar habitares insurrectos que escapen a las coordenadas coloniales capitales? Ante el hecho de que en 2022 aún permanecían en prisión 211 de las más de 2.500 personas encarceladas producto de la revuelta, o de que aquellas acciones masivas han ido recluyéndose en laberintos macropolíticos, o de que la representación –política y disciplinar, en particular la arquitectónica– sigue explotada y apropiada por el capital colonial, esta tesis se propone fabular para seguir pensando, accionando estos y otros mundos de posibles. Trenzando tiempos proyectuales con tiempos microcósmicos, se persigue un descentramiento disciplinar de la arquitectura hacia territorios más experienciales e insurrectos –también más inciertos, frágiles, controvertidos–, con el convencimiento de que la producción de conocimiento opera más allá de universidades o colegios oficiales. Cierto es que vecinas, científicos y arquitectos solemos hablar lenguajes distintos, como también el polen, los pájaros o las piedras. Pero también que herramientas o léxicos visuales de la arquitectura como el proyecto, el mapeo o la disección pueden sernos útiles para conceptualizar, fabular y expandir los imaginarios en torno a los territorios que habitamos. Tantearemos dos preguntas específicas: ¿Cómo hacer entonces una genealogía cartográfica de las prácticas y representaciones que emergen de habitares insurrectos en esta intempestiva y contradictoria época colonial capital? ¿Vendría esta genealogía de habitares insurrectos a formar parte de los diagramas del poder sobre la arquitectura o el hábitat o bien podría ésta potenciar otros habitares posibles? La TRENZA abecedaria PORTEÑA se presenta como posible camino investigativo por las preguntas llave y específicas planteadas, tanteando respuestas provisorias más que soluciones infalibles. En ese caminar trenzado hacia posibles respuestas, va pesquisando métodos de práctica, archivo y figuración de habitares con los que aventurarse en la neblina tóxica dominante para propagar gérmenes de vida insurrecta por otros puertos, puertas, cuerpos, tierras o territorios, haciéndolos más respirables [y conspirables]. Cada una de las letras y obras del ABECEDARIO que transfiguran la TRENZA se posiciona en la potencia creativa de algunos puntos y segundos recientes de climas porteños sudamericanos (de 1960, germinación de movimientos, revueltas e insurrecciones populares en los sures, a 2023, presentación de esta tesis), especialmente los más próximos a quien escribe (Valparaíso, 2014-2023). Es por esto que lo porteño, en este trabajo, alude a aquella acepción por la que ‘puerto’ puede referirse a un lugar de conexión -i.e. a la orilla del mar, o de un río, o de un lago; o entre dos montañas, sierras o cordilleras; o en el desierto total; o en la ficción-, pero también a lugares, personas o situaciones en que se encuentra refugio, apoyo, cuidado o cobijo. En las líneas que siguen les vengo a relatar entonces una TRENZA SERPENTEANTE que habita Valparaíso, Ali Mapu, Sudamérica. Quizá no podamos aventurar su inicio o final, pero sí mostrar algunos de sus tránsitos. Estos tránsitos podrían mostrarse en algo parecido a una genealogía cartográfica de escala 1:1 (uno es a uno). O vale decir, si tuviéramos que buscar una manera de representarlos, tal cometido resultaría casi imposible en otra escala que no fuera la escala misma de la experiencia. Pero esta escurridiza serpiente trata de escapar a las coordenadas Norte-Sur-Este-Oeste que tanto aparecen en los mapas y planos elaborados milímetro a milímetro por expertos cartógrafos de todo el globo. A cambio, puede aparecer cada vez que cooperamos con otras formas o fuerzas presentes –ya sean quiltros, cañas, afiches o piedras–. Para configurar algunos tránsitos de esta serpiente quizá no requeriríamos entonces más que del trenzado de prácticas creativas y cooperativas –o, llamémosle, en clave bruja, pócimas–. Si su efecto lograra accionar nuestros deseos, el embrujo sería tal, que haría brotar flujos de vida comunal en direcciones imprevistas. Lo que les vengo a relatar trata de, por tanto y más que nada, una experiencia no representativa, o una experiencia donde la representatividad queda inoperativa: De unas prácticas producidas cooperativamente, en nosotras colectivo como transfiguración de mundos posibles. La HIPÓTESIS de partida de este trabajo es que (1) la práctica, (2) archivo y (3) figuración de distintos habitares insurrectos a través del trenzado de ecologías arquitectónicas de Valparaíso y otros puertos aledaños de Sudamérica pueden hacernos repensar una tierra más habitable. El OBJETIVO PRINCIPAL es colectivizar, a través de pócimas y ecologías arquitectónicas recientes de Valparaíso y Sudaméricas, la práctica, archivo y figuración de habitares insurrectos para repensar conjuntamente una tierra más habitable. Los objetivos específicos son, a saber: OE1, ARCHIVAR experiencias insurrectas de Valparaíso y Sudaméricas, 1960-2023, vinculando distintas prácticas como figuraciones del habitar; OE2, PRACTICAR experiencias insurrectas a través de la producción colectiva y cooperativa de obras, vinculando archivos y figuraciones del habitar; OE3, FIGURAR dichas experiencias a través de la puesta en común y colectivización de su práctica y archivo. Para ello se disponen, a modo de alfabeto de pócimas: (1) veintiséis obras arquitectónicas practicadas junto a colectivos y organizaciones comunitarias; (2) las cuales son archivadas literario-audio-visualmente junto a diferentes experiencias afines de Valparaíso y Sudamérica; y a su vez (3) figuradas en una palabra-figura llave que introduce cada letra del alfabeto. De esta manera, la TRENZA PORTEÑA serpentea y se ancla entre cinco marcos propedéuticos, a saber: i. MARCO EXPERIENCIAL: 3 ECOLOGÍAS (cuerpos; tierras; territorios); Anclado en Valparaíso, donde resido desde 2015. De aquellas aventuras cartográficas con Rolnik por el Brasil de 1982, y con Miguel D. Norambuena por el Valparaíso de 1991, tomamos prestada una inflexión de la tríada ecológica planteada por Guattari –la cual, tras el estallido social chileno de octubre 2019, ha cobrado especial relevancia y discusión–: i) nosotras; ii) en tanto comunales; iii) en tanto transfiguración de mundos. Hablaremos entonces de cuerpos, en tanto tierras, en tanto territorios, o las ‘cartografías del deseo’ que de ellos emergen; comprendiendo que son las interrelaciones y transfiguraciones de ese conjunto lo que nos permitiría articular los aconteceres para colocar un terreno común, como si de una gran serpiente genealógica se tratase. ii. MARCO CONCEPTUAL: 3 CONCEPTOS (experiencias porteñas; habitares insurrectos; fuego y agua); [EXPERIENCIAS PORTEÑAS]: ¿Cómo germinar habitares insurrectos en esta extemporánea y paradójica época global? Quizá la respuesta esté precisamente en pesquisar los aún desconocidos gérmenes de mundos que envuelven nuestras experiencias vitales. Tomando las experiencias como puertos/puertas abiertas a la insurrección, con ellas este trabajo se propone escapar del globo, de esa figura-globo que nos encierra y mimetiza, para retornar a tierra con la ayuda de instrumental arquitectónico, artístico o filosófico, además de cooperativistas comunales, perros, maderas termiteadas, pelusas, sismos, barricadas o arañas de rincón que circundan las propias experiencias y prácticas de quien les escribe estas palabras. Ese énfasis terrenal en lo vital como fuera de juego de la Colonia Capital se enmarca en un hilo de pensamiento interoceánico que explora porvenires o devenires deseables: Desde el velatorio de la ruina del Comité Invisible, al archivo militante del Colectivo Situaciones, a las cintas de Möbius de Lygia Clark y Suely Rolnik, al arroyo de Élisée Reclus, la experiencia sensible toma un interés actualizado hoy día por un desplazamiento de la teoría hacia el acento en las prácticas micropolíticas como lugares concretos de insurrección. Se trata, en definitiva, y parafraseando a los geógrafos Reclus, Henri Lefebvre o Edward Soja, de reconocer el sismo fundante de lo vital: lo vivido en lugar de lo pensado o concebido. Es decir, de situar la experiencia en lo sensible, y no en la experiencia de la experiencia, que coloca en el centro a los Expertos. La experiencia, así entendida, excluye la posibilidad de un pensamiento totalizante y clausurado y se abre a reconocer la energía creativa de las fuerzas y formas circundantes. A cambio, dicha –diríamos– germinación porteña comunal transfigura los mundos que habitamos, produciendo ‘desvíos en su arquitectura’: Siguiendo a Rolnik, la experiencia sensible se inscribe en la ‘superficie topológica-relacional’ de esos mundos en su ‘forma vigente’, transfigurando tanto los ‘territorios existenciales establecidos’ como ‘sus respectivas cartografías’. En esos desvíos arquitectónicos son especialmente bienvenidos todos aquellos cuerpos desposeídos de la posibilidad de tener voz propia, hijos inadaptados o inadaptables de la tierra, animalizados, racializados, feminizados, patologizados, sexualizados, segregados de las hegemonías imperantes. [HABITARES INSURRECTOS]: Las prácticas creativas y cooperativas en relación con el hábitat han tomado relevancia en los últimos años, concretamente desde voces porteñas de Valparaíso, Santiago, Buenos Aires, Sao Paulo, Montevideo, Ciudad de México y otras encrucijadas sudamericanas con conceptualizaciones construidas colectivamente entre múltiples actores territoriales. Es el caso del concepto ‘producción social del hábitat’, el cual se ha venido dialogando y definiendo colectivamente desde los años 60-70 por parte de distintos miembros de la Coalición Internacional para el Hábitat en América Latina HIC-AL. El término incide en escapar a la lógica Mercado-Estado hacia una perspectiva más integral, en la cual tanto la vivienda como el hábitat son entendidos indiferenciadamente como procesos colectivos vitales donde la cooperación entre distintos actores, vinculada a un conjunto de condiciones ambientales y materiales, posibilita su producción creativa más allá de reducirlos a una mercancía de intercambio. La producción social del hábitat se articula así como un hilo de pensamiento que apela a la coexistencia de prácticas territoriales colectivas y cooperativas, posicionándose como alternativa crítica ante instancias como la Nueva Agenda Urbana de ONU-Hábitat, y autoorganizando seminarios paralelos como Hábitat 3 Alternativo H3A en Quito. Ahí, en 2016, dos actores muy distintos –ONU y H3A– inciden en una misma y sutil línea de fuga, enmarañada entre montones de divergencias, que manifiesta la pertinencia de esta propuesta: La ONU dice que «las dimensiones de las vidas de los habitantes siguen sin tenerse en cuenta»; y en H3A nos dicen que «Vivimos desde la cotidianidad en los mundos virtuales y en la cotidianidad en mundos de proximidad, pero que van más allá del mundo». Las dimensiones de nuestras vidas van más allá del mundo. El problema para los cartógrafos, hagiógrafos y demás catalogadores y organizadores de estantes del conocimiento científico es que la dimensión vital está, tiene lugar: más que cambiar el mundo, lo inacaba. [FUEGO Y AGUA]: El régimen colonial capital no requiere de brujas para su funcionamiento. Sin embargo, sus enormes tenazas binarias se traman entre las fibras de vida y logran embrujarnos, envenenando a cualquier fuerza o forma que se le oponga. El embrujo es tal, que nos impone un solo mundo, eclipsando, colonizando, capitalizando, expoliando y quemando a segundos, terceros y cualesquiera mundos posibles. Invocamos a brujas, curanderas, machis, hechiceras, chamanes, alquimistas, herejes, insurgentes… alrededor del fuego, más allá y más acá del mundo. La pira es un lugar a la vez de muerte y de vida. En ella se ha quemado y ejecutado a decenas de miles de personas por practicar la brujería. Pero también alrededor de la pira, las brujas celebran sus rituales, sanando y haciéndose parte del curso de las fuerzas y formas circundantes. Por fortuna, los flujos animales, vegetales o minerales cuentan con una poderosa aliada sólida, líquida o gaseosa, presente en cocinerías, sopas cósmicas y todas las ecologías circundantes -partiendo por la del cuerpo propio, habitado por un 60-70% de agua-. Batiendo fuego / agua, problematizamos la brujería como experiencia fronteriza. Ante los juicios y conjuros a lo que escapa de las coordenadas de la razón impuesta, Inche chawko ka eimün chauko, kom pu che chawko: Todas somos aguas reunidas, nos dice la Escuela Wekimün Chilkatuwe desde el sur del Cono Sur. Esos cursos de aguas pasan ahora por nuestros cuerpos, como también pasaron por los cuerpos y tierras de aquellas vidas al sur de la última frontera, a quienes se les negó el alma en el cielo, lo humano en la tierra y la lengua en el cuerpo. En sus lenguas y cantos retorna en nosotras un río de fábulas heridas, inacabadas, en diáspora fronteriza. Sin lof al cual volver, aquello que era enjuiciado de brujería se nos hace presente cual microcósmicos gérmenes de vida insurrecta. El río herido fronterizo del sur sudamericano se trenza a su vez con otros cauces serpentiles. De Treng-Treng y Kai-kai, serpientes de tierra y de agua que habitan Wallmapu, o de Coatlicue, Señora de la Falda de Serpiente del Río Bravo/Grande chicano, emerge una genealogía cartográfica cuyo tránsito excede el tiempo lineal en transfiguración serpenteante, anclada en incontables puertos fronterizos de la colonia capital. En su lengua bifurcada se trenzan múltiples voces, múltiples lenguas, infinitos mundos. iii. MARCO FIGURATIVO: 3 FIGURAS (trenza; caracola; infinito); Si el producto de la práctica –de pensar, de sublevarse– lo constituyen las formas de expresión de las fuerzas del mundo, las cuales se plasman –archivan– en un terreno comunal, tres figuras iniciáticas –cuya corriente se remonta a miles de años atrás– nos acompañarán hacia la transfiguración insurrecta. [TRENZA]: Esta figura, patrón o estructura universal de, al menos, 5.500 años de antigüedad se asienta en el gesto de entrecruzar tres o más tiras de cabello cualquier otro material, ya sea lana, alambre o palabras. Así, ese gesto común de construir, pensar, contar con las manos es particularmente oportuno para escapar a la brújula impuesta, que separa en opuestos. En este sentido, el trenzado insurrecto sirve de puente interseccional entre ecologías: Cuerpos, tierras y territorios se conciben, por un lado, como tres ecologías diferenciadas por las prácticas que caracterizan a cada una de ellas, y por el otro, como bloque articulable en una autonomía creadora, en lo que Guattari llamaba ‘heterogénesis’ o procesos continuos de resingularización o retrenzado. En esta línea, es remarcable la producción cartográfica del colectivo Iconoclasistas, quienes incorporan herramientas y metodologías para la investigación colaborativa, dentro de lo cual realizaron una ‘Trenza Insurrecta. Cronología decolonial de Abya Yala’. La trenza opera como elemento alegórico a la vez que como método donde poder ir enhebrando nuestros aconteceres, encontrando en esos cruces distintos modos de hacer, sentidos que se nos hacen comunes; transitando en ida y vuelta, adelante y detrás a medida que va anudando habitares insurrectos, como las caracolas. [CARACOLA]: Podría decirse que esta figura enrollada en espiral está infinitamente presente como objeto universal. Es así que en muchas culturas cumple una doble función: Como ritmo –o conmensurabilidad de las cosas, incluso en su lado inconmensurable– y como rito –susceptible de poder ir signando, encontrando espesuras en los intersticios y las cotidianidades de las diferentes comunidades que se hacen cargo de la caracola–. Pero también podría decirse que cada saber universal ha de estar posicionado. Es así que cobran relevancia las experiencias zapatistas en torno a la figura del Caracol, entendida a su vez como tierra y como comunidad. Los caracoles zapatistas se habitan, por un lado, como ritmo, al conformar territorios materializados en movimiento, mostrando a su paso caminos y conjeturas para hacer comunidad. También como rito, al prefigurar una experiencia de autogobierno donde la palabra, al mismo tiempo que los espacios y afectos cobran relevancia y se entremezclan cual trenza sur insurrecta. En esta tesis obra la caracola también significa una posibilidad de poder salirse del tablero, de estar en el vórtice de la grilla. Y no solo eso, también es una forma de poder trenzar mundos que muchas veces pareciese que no tuvieran que ver nada entre sí, por ejemplo: nosotras, el barrio que pisamos, los mundos que configuramos. Así podemos conformar ecologías trenzadas y posicionadas en espiral, que nos permiten ir visualizando otros modos de habitar y de poder posicionarnos en los territorios de los cuales somos parte. [INFINITO]: En nuestro tránsito propedéutico con las ‘cartografías del deseo’ de Guattari y Rolnik, en la recámara contamos con una superficie topológica-relacional que guiará nuestro caminar porteño junto a las figuras de la trenza, la caracola y otros etcéteras imprevistos. Se trata de la figura del infinito, pero esta vez tomando cuerpo encintado para transitar de otras maneras el tiempo y el espacio junto a los ritmos y ritos de la caracola o las ecologías entramadas de la trenza: Caminaremos, ayudadas de Lygia Clark y Suely Rolnik, por una cinta donde el antes puede ser también el después. Esa cinta nos permitirá tentar otras maneras de ver, sentir y experimentar el mundo a través de las prácticas que lo habitan, promoviendo ‘la reapropiación de la pulsión creadora en prácticas colectivas en la vida cotidiana’. En el libro ‘Esferas de la insurrección’, Rolnik nos narra que, para la obra ‘O antes é o depois’, Lygia Clark investigó sucesivos cortes longitudinales en una banda de Möbius de papel. Esta superficie tiene una propiedad mágica: El anverso de uno de sus extremos tiene continuidad en el reverso del otro, lo que permite volver ambos lados o extremos indiscernibles. Así, hay anverso y envés, dentro y fuera, arriba y abajo a la vez: La banda adquiere una única cara. iv. MARCO METODOLÓGICO: 3 MÉTODOS (archivo; práctica; figuración); En ese caminar exploratorio infinito por habitares y métodos, vamos armando y desarmando provisoriamente nuestra TRENZA PORTEÑA, tanteando modos de practicar, archivar y figurar experiencias insurrectas acá y ahora con ayer y mañana. Poco a poco nuestras huellas han ido conformando un alfabeto inacabado de palabras llave trenzadas a modo de oráculo para atravesar distintos puertos sudamericanos: un alfabeto de experiencias, prácticas y/u obras comunales, propias y afines, como estudios de caso. Si el objetivo principal de nuestra aventura cartográfica 1:1 es colectivizar la práctica, archivo y figuración de habitares insurrectos, la conformación del alfabeto se trenza a la vez que los objetivos específicos: ME1, ARCHIVO de experiencias insurrectas recientes de Valparaíso y Sudaméricas, vinculando distintas prácticas y figuraciones del habitar; ME2, PRÁCTICA de experiencias insurrectas a través de la producción colectiva y cooperativa de obras, vinculando archivos y figuraciones del habitar; ME3, FIGURACIÓN de dichas experiencias a través de la puesta en común y colectivización de su práctica y archivo. [ARCHIVO]: Al hilo de los aportes de la experiencia al campo del conocimiento –en especial por los feminismos y disidencias de la segunda ola en los años 70 y los recientes estudios descoloniales y feministas–, quizá uno de los más significativos haya sido el de tomar dicha experiencia como instrumental teórico-metodológico para ‘dar cuenta de lo excedente, subsidiario o invisible a la ciencia legitimada como tal’, como lo plantea Catalina Trebisacce. Esa toma experiencial tiene su correlato en el propio acceso de los feminismos a los ‘laboratorios de producción del conocimiento’: Algo así como ‘devenir Yeguas de Troya’ para ‘tomar la academia por asalto’. Nuestra pregunta-cómo nos anima a buscar prácticas críticas posicionadas en la divergencia, pero no para devolverlas a su agujero negro, sino para atesorarlas, coleccionarlas, articularlas, escribirles gramáticas, acciones, deseos. Otras Yeguas de Troya nos han facilitado poderosos instrumentos de disección, hibridando la repetición hacia el calco crítico. Recordamos acá la ‘Refundación de la Universidad de Chile’ de Las Yeguas del Apocalipsis. Como señala Fernanda Carvajal en su crónica archivística de dicha acción, la alianza animal, disidente, loca, pagana y proletaria daba lugar, genealogía, cuerpo y voz en sede universitaria a la figura de ‘yegua’ para desmontarla en reclamo, parodia, ritualidad, erotismo, deseo. Giramos hacia la paradoja alegórica, ensamblaje nómade que conforma nuestro atlas de habitares insurrectos como cartografías desubicadas, entendidas como ‘archivos convocantes’ como propone Paulina Varas. Una práctica experiencial –tentativa ensayística– que desplaza categorías y modelos, desvistiendo la palabra y el cuerpo para habitar entre los rastros la crítica. En este trabajo, el archivo, revisión documental y catalogación de experiencias porteñas vinculadas –a través de investigaciones previas, notas de prensa, libros, obras, afiches, piezas audiovisuales o sonoras, entre otros, pero sobre todo a través de conversaciones con amigas–, sigue la línea metodológica ya trazada por la Red Conceptualismos del Sur como un ‘experimento de reactivación’, enlazada con el libro-archivo trenzado de cantos ‘Trafülkantun’ de Laura Jordán y Andrea Salazar: Un asalto sísmico -con el tejido de operatividades y recursividades- y también esquirloso -con el arracimamiento de golpes y contragolpes inoperativos-. Se trata de pensar, en el cruce de distintos habitares insurrectos, a la vez el devenir (encarnado en el asalto sísmico) y el porvenir (asomándose en el asalto esquirloso). [PRÁCTICA]: Podríamos llamarlo, inclusive, pócimas y ecologías arquitectónicas, o también prácticas u obras de arquitectura; o también capítulos de una tesis obra; o también acciones directas colectivas y cooperativas. Pero quedémonos por esta vez con esa palabra, la de práctica, en el sentido de incidir experiencialmente en la potencia de cultivar habitares insurrectos. En este punto, con la ayuda Troyana del artículo ‘Experiencia en el colectivo LASTESIS’ de Sibila Sotomayor, rescatamos a la práctica como metodología investigativa junto a María José Contreras Lorenzini, quien perfila las prácticas como ‘forma de vinculación material’ o ‘articulación localmente figuraciones del habitar; ME3, FIGURACIÓN de dichas experiencias a través de la puesta en común y colectivización de su práctica y archivo. [ARCHIVO]: Al hilo de los aportes de la experiencia al campo del conocimiento –en especial por los feminismos y disidencias de la segunda ola en los años 70 y los recientes estudios descoloniales y feministas–, quizá uno de los más significativos haya sido el de tomar dicha experiencia como instrumental teórico-metodológico para ‘dar cuenta de lo excedente, subsidiario o invisible a la ciencia legitimada como tal’, como lo plantea Catalina Trebisacce. Esa toma experiencial tiene su correlato en el propio acceso de los feminismos a los ‘laboratorios de producción del conocimiento’: Algo así como ‘devenir Yeguas de Troya’ para ‘tomar la academia por asalto’. Nuestra pregunta-cómo nos anima a buscar prácticas críticas posicionadas en la divergencia, pero no para devolverlas a su agujero negro, sino para atesorarlas, coleccionarlas, articularlas, escribirles gramáticas, acciones, deseos. Otras Yeguas de Troya nos han facilitado poderosos instrumentos de disección, hibridando la repetición hacia el calco crítico. Recordamos acá la ‘Refundación de la Universidad de Chile’ de Las Yeguas del Apocalipsis. Como señala Fernanda Carvajal en su crónica archivística de dicha acción, la alianza animal, disidente, loca, pagana y proletaria daba lugar, genealogía, cuerpo y voz en sede universitaria a la figura de ‘yegua’ para desmontarla en reclamo, parodia, ritualidad, erotismo, deseo. Giramos hacia la paradoja alegórica, ensamblaje nómade que conforma nuestro atlas de habitares insurrectos como cartografías desubicadas, entendidas como ‘archivos convocantes’ como propone Paulina Varas. Una práctica experiencial –tentativa ensayística– que desplaza categorías y modelos, desvistiendo la palabra y el cuerpo para habitar entre los rastros la crítica. En este trabajo, el archivo, revisión documental y catalogación de experiencias porteñas vinculadas –a través de investigaciones previas, notas de prensa, libros, obras, afiches, piezas audiovisuales o sonoras, entre otros, pero sobre todo a través de conversaciones con amigas–, sigue la línea metodológica ya trazada por la Red Conceptualismos del Sur como un ‘experimento de reactivación’, enlazada con el libro-archivo trenzado de cantos ‘Trafülkantun’ de Laura Jordán y Andrea Salazar: Un asalto sísmico -con el tejido de operatividades y recursividades- y también esquirloso -con el arracimamiento de golpes y contragolpes inoperativos-. Se trata de pensar, en el cruce de distintos habitares insurrectos, a la vez el devenir (encarnado en el asalto sísmico) y el porvenir (asomándose en el asalto esquirloso). [PRÁCTICA]: Podríamos llamarlo, inclusive, pócimas y ecologías arquitectónicas, o también prácticas u obras de arquitectura; o también capítulos de una tesis obra; o también acciones directas colectivas y cooperativas. Pero quedémonos por esta vez con esa palabra, la de práctica, en el sentido de incidir experiencialmente en la potencia de cultivar habitares insurrectos. En este punto, con la ayuda Troyana del artículo ‘Experiencia en el colectivo LASTESIS’ de Sibila Sotomayor, rescatamos a la práctica como metodología investigativa junto a María José Contreras Lorenzini, quien perfila las prácticas como ‘forma de vinculación material’ o ‘articulación localmente determinada de interacción entre cuerpos’. Entender la práctica como camino metodológico exploratorio compartido supone asimismo entender las experiencias vitales de cualesquiera como conocimientos sin más. Conocimientos que acogen materialidades sensibles y herramientas literario-audio-visuales –que difícilmente pueden reducirse únicamente a palabras o números–, las cuales pueden ir transfigurándose en el transcurso de las prácticas. Es por esto que el camino investigativo, así como su registro –archivo– y conceptualización –figuración– son cruciales para dar cuenta no tanto de soluciones finalistas a un problema, sino de posibles respuestas emergentes en torno a distintas preguntas. Este proceso acoge, por tanto, la incertidumbre, el error, el deseo, el malestar, lo provisorio, lo intuitivo, lo particular… pero también aspira y es susceptible de genealogizarse, cartografiarse y trenzarse con otras experiencias. [FIGURACIÓN]: Entendiendo las prácticas como ecologías trenzadas, para así, como los caracoles, caminarlas infinitamente al enverso y envés, la cuestión clave no es tanto ¿qué prácticas? sino ¿cómo archivarlas y figurarlas para devolverles su contornos, direcciones y sentidos, atenderlas y caminarlas en estos, otroras y futuribles habitares insurrectos? Prestar atención, mapear, relevar o diagnosticar ecologías transfigurándose en un terreno común donde ‘pensar y sublevarse se convierten en una sola y la misma práctica’, como afirma Rolnik, se presenta como camino posible para llegar a puertos más respirables. Es más, actuar y sublevarse posibilita anclar genealógicamente los mapeos, relevamientos, diagnósticos, permitiendo asimismo otros anclajes y acciones. Acciones produciendo excesos de sueños y pensamientos en movimiento, y no a la inversa, como remarca Kristin Ross: Aquellos excesos pueden ser entendidos como un lujo: un ‘lujo comunal’, que viaja más allá de los métodos desarrollistas de problema-solución o proyecto-obra, posicionando las prácticas comunales en el centro más que sus representaciones –coproducciones, más que productos–. Es por esto que la coproducción, testeo y despliegue de figuraciones que funcionen como sistema gráfico, práctico, genealógico, recursivo; materialidades sensibles y herramientas literario-audio-visuales; estudios de caso; ha sido parte inseparable de la práctica, atendiendo a posibles manifestaciones de proximidades y posibilidades que permanecían invisibles. Así, las producciones sociales del hábitat, entendidas como lujos comunales –acciones<>prácticas<>fuerzas coproduciendo sueños<>ideas<>formas en movimiento<>transfiguración, liberadas por el exceso y prolongación del propio movimiento<>acontecimiento–, podrían ser un mapeo colectivo, un diseño participativo, una rehabilitación cooperativa, o también podrían ser una barricada: Todas ellas son transfiguraciones colectivas, entendidas como entidad comunal instituyente. Todas juntas nutren el cuidado del terreno común –la ciudad se atrinchera en obra pública–. Retornando a tierra, podemos rastrear el grounding -conexión a tierra, fundamento- de cada casa, calle, escuela, madriguera, conexión 4G, proyección 2D, como podemos rastrear el curso incesante de las corrientes y gotas infinitas de un arroyo cualesquiera, llevando acciones, sueños, pensamientos, tierras comunales de otros tiempos y espacios. En ese sistema figurativo en movimiento los contornos, formas, fuerzas, sentidos tampoco cesan su tránsito –tornan rastro, no cadáver– ni son fácilmente clasificables o divisibles en elementos separados. No hay ‘clara’ ni ‘yema’, nos diría María Lugones, sino quizá una champurria batida: Aprendí con Daniela Catrileo y su libro ‘Río herido’ que los archivos viajan, aunque también son cenizas. Traen consigo heridas, despojos, injusticias. Pero las cenizas, al igual que los hilos, piedras, ladrillos y gotas errantes, pueden emerger de esas ruinas, resquicios, umbrales, como pequeños destellos a seguir pensando, practicando, figurando, tejiendo antídotos anti-coloniales-capitales como genealogías heridas. v. MARCO INVESTIGATIVO: 26 OBRAS (alfabeto de prácticas y/u obras como estudios de caso); En este trabajo, las prácticas emergen de cooperaciones y coproducciones transitadas desde el Centro de Investigaciones Artísticas de la Universidad de Valparaíso, la red internacional de investigación Contested Cities, el Instituto Cooperativo de las Artes y las Humanidades y la Cooperativa de Vivienda Yungay en colaboración con distintas organizaciones, colectivos, cooperativas, centros comunitarios y culturales, talleres, comparsas, peñas folklóricas, juntas vecinales, redes de hábitat popular, radios comunitarias, cuequeros, empanaderías, panaderías, ollas comunes, redes transfeministas, estudiantes, redes investigativas y otros muchos etcéteras con quienes habito en el puerto de Valparaíso. Cuerpos; tierras; territorios tornan ecologías trenzadas en prácticas cooperativas, que trenzan a su vez con los conceptualismos y experiencias porteñas vinculadas en el archivo. Tres figuraciones errantes -trenza; caracola; infinito-, acompañan el curso investigativo, acogiendo en su tránsito distintas (trans)figuraciones emergentes que componen el alfabeto de experiencias, prácticas y/u obras comunales, propias y afines, como estudios de caso. En esa lucha vital, son las palabras, las acciones y los sueños los que están en disputa. Así, el trenzado insurrecto germina como propuesta pedagógica abierta: Genealogías cartográficas literario-audio-visuales que se manifiestan en la trazabilidad de sueños, acciones, palabras; tomando la experiencia como tiempo vital - un trazado a escala 1:1 de nuestras vidas. Ese 1:1 está poblado de restos que, aun permaneciendo en cenizas, ocupan un lugar. Para José Carlos Agüero y su libro ‘Persona’, esos restos no son tan solo las piezas de cosas muertas, perdidas, arrebatadas o destruidas como excedente a evocar: son ‘completamente algo’. Siguen vivos en los vacíos que llenamos y cortamos con ellos, en la trazabilidad de otros restos que ya forman parte de otro algo. Están, quizá, más vivos que los cuerpos mínimos a quienes llamamos persona, yo, nosotros. Si se trata de fundar –grounding–, producir, transmitir o nutrir –o hacer huelga de producción de– obras comunales, cabe buscar, junto a vivas, muertas o no natas, cualesquiera restos vívidos que aún hoy persisten en los intersticios de nuestras propias vidas. Nuestra caracola trenzada insurrecta podría entonces caminarse en tres pasos intercambiables (archivo, práctica y figuración <> pócimas) a disponer (en tanto cuerpos, tierras y territorios <> ecologías) ad infinitum... El marco investigativo recoge la propedéutica asimismo del bestiario filosófico ‘Cantos cabríos’ de Federico Rodríguez. La propedéutica posibilita cantar un ‘sistema dinámico’ –recursivo– en constante movimiento, que escapa a las ‘formas o figuras animales’ pero a su vez permite la diseminación ‘postal’ de los animales a través de sucesivos acoplamientos, ‘singulares cabriolas’ o ‘complicaciones parasitarias’, recogiendo en la primera página de cada canto/capítulo del estiario al animal protagonista junto con cuatro entradas –Pense-bête, Key-worms, Metempsicosis y Blindenfürhunde–. Dichas entradas fueron la rúbrica iniciática de cada una de las letras y sus figuraciones archivadas y practicadas: Es ahí, en ese entendimiento de la insurrección como auto-retrato animalizado que nos brinda Rodríguez, donde damos verbo y vida a nombres y retratos disecados, colonizados, capitalizados. ARQUITECTURAS, BESTIAS, CUERPOS, DIÁSPORAS, EXPERIENCIAS, FIGURAS, GRAFÍAS, HECHIZAS, IMPASSES, JUSTICIAS, KILÓMETROS, LABORES, MÚLTIPLES, NUDOS, OBRAS, PROYECTOS, QUILOMBOS, REVUELTAS, SUPLES, TALLERES, UNIVERSIDADES, VIBRÁTILES, WEBS, XENOGLOSIAS, Y, ZOOSFERA… La TRENZA PORTEÑA nos entrega 26 pócimas con las que entrar en el fango colonial-capital para propagar habitares insurrectos. El acercamiento propositivo a Valparaíso y otros puertos aledaños de Sudamérica abre una fuga posible, al incidir no solo en un problema crucial actual, como es el del hábitat en climas críticos recientes -sociales, ambientales, microcósmicos…-, sino también en posibles respuestas cooperativas y colectivas, al archivar, practicar y figurar habitares como pócimas y ecologías arquitectónicas sostenibles a futuro. Se produce entonces un antídoto. Una genealogía cartográfica champurria que despliega una recursividad específica en métrica de 3-6-9 ecologías o elementos, donde cada letra es una unidad recursiva mínima, un ladrillo finito, con sus bordes y orificios. Es decir, en su transcurso y urdimbre, es susceptible de poder desplegarse no en una, sino en distintas escalas y tiempos, donde al mismo tiempo está abierta y a la vez anudada: Tiene ciertos elementos anclados –como las 26 letras, o los 5 marcos investigativos–, que a la vez se polinizan al trenzarse con otros elementos y voces, produciendo una trenza de archivos que a su vez trenzan prácticas y figuraciones, que a su vez se archivan para seguir practicando, figurando, archivando... Retomando la pregunta llave de la presente tesis de obra, ¿Cómo podríamos reconciliar la dimensión microcósmica de los territorios con los acotados y cortoplacistas tiempos disciplinares de la arquitectura para potenciar y genealogizar habitares insurrectos…?, esta tesis responde con una epistografía -carta(s) de carto-grafías epistolares- de sistemas recursivos arquitectónicos, trenzando prácticas, archivos y figuraciones del habitar, con anclas en marcos -o barcos- experienciales, conceptuales, figurativos, metodológicos e investigativos, para producir cooperativamente sistemas recursivos de obras públicas de habitares insurrectos o, llamémosle, pócimas, en el sentido de incorporar la creatividad impredecible de producir comunalmente con cualesquiera vecinas, termitas, desechos, piedras, palabras, acciones, sueños, ecologías ante el conjuro colonial capital: Nos tomamos de la frase-estribillo "¿Te invité yo a vivir aquí?", pronunciada por el ex alcalde de Valparaíso a los vecinos del epicentro del mega incendio de 2014, y transfigurada por los mismos vecinos en afiches, mapeos, consignas, canciones, entrevistas... para seguir transfigurándola en las prácticas archivadas de este alfabeto. Un conjuro al conjuro capital colonial en lengua sudamerivalenciana, junto a ecologías insurrectas del habitar que no están en paraísos futuros sino, por esta vez, en Valparaíso y otros puertos del sur, entre el fango cada vez más irrespirable que nos habita: Ojalá lleguen a sus ojos, lenguas y pieles y germinen musgos, babosas alérgicas, que hagan del malestar una práctica creativa
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