Las aplicaciones para ligar se han convertido en poco tiempo en uno de los métodos más utilizado para encontrar pareja, por delante de la mediación de familiares y amigos, que había sido la fórmula más común de emparejamiento desde la II Guerra Mundial. Su gratuidad, un interfaz muy sencillo de usar y la posibilidad de poder interactuar desde cualquier lugar han sido las claves de este éxito. Sin embargo, bajo la premisa de una optimización de los recursos en la búsqueda de pareja, estas plataformas exhiben sin complejos principios neoliberales como el utilitarismo o la conversión de sus usuarios y usuarias en productos, fomentando una visión mercantilista de las relaciones. Otras consecuencias no deseadas son el rastreo continuo de datos, la superficialidad de los vínculos creados a través de ellas o el auge de nuevas formas de acoso, discriminación y violencia contra las mujeres, que han encontrado en los entornos digitales en general y en estas plataformas en particular un campo abonado para la misoginia.
El objetivo principal de este estudio es determinar cómo están influyendo las aplicaciones para ligar en la configuración del amor romántico entre hombres y mujeres. El corpus de análisis de la investigación se ha llevado a cabo a través de entrevistas semiestructuradas a una muestra (n=34) de usuarios y usuarias de estas plataformas, con edades comprendidas entre los 21 y los 50 años. En base a las respuestas obtenidas, se ha realizado un Análisis Crítico del Discurso, al que se ha añadido la perspectiva feminista como una posición política que busca desmitificar las interrelaciones entre género, poder e ideología.
Los resultados obtenidos muestran que en estas plataformas, incluidas aquellas que se autodefinen como feministas, se producen y reproducen estereotipos de género que perpetúan el sistema patriarcal de jerarquías y desigualdades. A su vez, al amparo de la tecnología, se ha vuelto habitual el acoso, los mensajes sexistas y el envío de fotos de genitales no solicitadas que tienen como objetivo subordinar y disciplinar a las mujeres. Esto se ve propiciado por dos factores: la gamificación en la que se basa el diseño de las aplicaciones, que contribuye a crear distancia emocional y el anonimato y la sensación de la impunidad que proporciona internet, lo que fomenta comportamientos que no tendrían cabida en otros contextos.
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