«La teología extinta» es un trabajo de doctorado original e inédito, en el que el autor lleva a cabo una profunda investigación sobre las transformaciones socioantropológicas vinculadas a la transición tecnológico-digital.
El título de la tesis retoma una frase del libro de George Steiner El castillo de Barba Azul. Steiner no profundiza en esta idea, sino que se limita a condensarla en una sola frase. Sin embargo, como refinado intérprete de nuestro tiempo, George Steiner reconoce que nuestro presente histórico, culturalmente, se caracteriza por un proceso en el que las categorías propias del discurso teológico se vacían de toda sacralidad y trascendencia y se encuentran, por así decirlo, colonizadas por una ideología materialista, paneconómica y pseudoespiritual que sustenta el omnipresente fenómeno de la digitalización y de. Para comprender en profundidad los resultados de este fenómeno, entonces, necesitamos entender qué es, concretamente, lo que lo digital ha reemplazado y cómo lo ha hecho y continúa haciéndolo. Para ello, el autor recorre siglos de debate entre filosofía y teología, ciencia y fe, espiritualidad y psicología, para llegar a una definición de la relación actual entre teología y tecnología en términos inéditos y clarificadores.
La obra se divide en tres partes.
La primera parte propone una lectura orgánica e integrada de las distintas esferas de la realidad histórica influidas por la transición digital, mostrando las conexiones entre los microfenómenos relativos a la percepción y la experiencia individuales y los macrofenómenos de la hipnosis colectiva y la crisis de la democracia producida por un sistema liberal-capitalista que utiliza cualquier recurso técnico y espiritual para aumentar un lucro puramente financiero y autorreferencial, desvinculado de un proyecto político positivo y de un horizonte de sentido màs amplio, en sentido social, ambiental y espiritual, y por lo tanto humanamente sostenible.
La segunda parte del trabajo muestra cómo la secularización, la descristianización y la crisis de fe son fenómenos no solo sociales, sino sobre todo internos a las Iglesias cristianas, que han privado a las instituciones religiosas de la capacidad de influir política y culturalmente, al menos de manera significativa, en la vida de los países occidentales.La inmanentización de la escatología, así, como sucedáneo del principio de trascendencia, en algunos países ha vuelto a tomar la forma del mesianismo político, originando escenarios geopolíticos muy delicados de los cuales las guerras en curso, que el autor analiza atentamente, son el ejemplo más elocuente.
Si por un lado, especialmente Europa del Este y Medio Oriente, muestran la crisis de la trascendencia en las formas del mesianismo político en clave nacionalista o religioso-identitarista, por el otro lado Occidente encarna la misma crisis persiguiendo modelos antropológicos, como el transhumanismo, que no son otra cosa que expresiones de una cristología secularizada, y por lo tanto, una vez más, una transposición del discurso teológico al plano tecnológico-cientifico. También en esta segunda parte, el autor es cuidadoso en mostrar, siguiendo un razonamiento multidisciplinario, las diversas conexiones entre el aspecto ideológico-político, tecnológico-científico y económico.
En la tercera y última parte, el autor formula una propuesta muy elaborada sobre la necesidad de introducir en el debate ético, político y tecnológico-científico un marco metafísico capaz de integrar el realismo epistemológico con el dinamismo ontológico, por el cual la rapidez de los fenómenos transformativos, tanto en el plano tecnológico como en el político y psicológico, es la característica principal.
Para ello, Simone Tropea introduce y explica los fundamentos de la metafísica de la realidad histórica y de la ontología realistico-dinámica del filósofo italiano Tommaso Demaria, a quien descubre y presenta al gran público, considerando su síntesis metafísica como una herramienta fundamental para enfrentar el presente y reorientar el progreso desde dentro.
No se trata de construir una sociedad socialista - que aplasta las individualidades - ni un modelo liberal, que destruye las relaciones, sino una sociedad inspirada en la "Civilización del Amor", en la cual las instancias individuales y sociales puedan encontrar un equilibrio y progresar respecto a un horizonte historico trascendente reconocido como válido y necesario en ambos planos, el personal y el "trans-personal".
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