La docencia es una de las profesiones más importantes y necesarias para el avance de la sociedad. Maestros y profesores impulsan el proceso de enseñanza-aprendizaje, ayudando a desarrollar en su alumnado diferentes competencias, habilidades y conocimientos para poder participar como ciudadanos libres y activos en su propia sociedad, así como a comprender y aceptar las diferencias que caracterizan otros sistemas sociales y culturales.
Sin embargo, para que el proceso educativo sea significativo y de calidad, no solo es necesario una preparación profesional, sino también una psicológica, siendo importante mantener en los docentes altos niveles de bienestar psicosocial que influya positivamente en el ejercicio docente.
Los profesionales de la educación a menudo se enfrentan a diferentes situaciones adversas y estresantes que pueden afectar a su salud mental, como la sobrecarga laboral, las altas exigencias sociales y los cambios constantes en el sistema educativo a los que tienen que adaptarse de manera rápida y eficaz, entre otros. En este proceso, la capacidad de resiliencia se vuelve crucial para evitar la pérdida del bienestar docente y el subsecuente empeoramiento de su desempeño profesional, pues nos permite enfrentar y superar situaciones adversas, de manera que esas experiencias negativas favorezcan el fortalecimiento de la persona en vez de su detrimento.
El nivel de desarrollo de la capacidad de resiliencia de cada persona afecta y se ve afectada por una serie de elementos contextuales y psicosociales, los cuales pueden ejercer tanto de factores positivos o protectores, como de factores negativos o de vulnerabilidad. De entre los primeros, destacamos dos constructos por su relevancia, no solo en el desarrollo de la resiliencia, sino en el de los propios docentes como profesionales en sí. Por una parte, el Autoconcepto, una capacidad que permite la introspección y el conocimiento tanto de las debilidades como de las virtudes propias, lo que permitirá hacer frente a una situación límite de manera eficiente. Por otra, la inteligencia emocional, la capacidad de gestionar las emociones propias y ajenas que puede evitar la desregulación emocional frente a eventos negativos a través del uso de estrategias emocionales positivas y optimistas.
De entre los segundos, subrayamos en primer lugar la desmotivación, un estado que dificulta la consecución de metas y objetivos personales y profesionales, la cual puede tener un efecto negativo sobre el desarrollo de la resiliencia, o positivo si se mantiene en bajos niveles. En segundo lugar, tendremos en cuenta el estrés, el cual surge cuando las demandas externas superan las capacidades o herramientas internas de solución de problemas o de afrontamiento. Por último, el conocido Síndrome de burnout o Síndrome del quemado laboral, el cual presenta cada vez mayor incidencia en la docencia, y se manifiesta como una respuesta de agotamiento físico, emocional y psicológico derivado de las altas exigencias laborales.
Siguiendo esta base teórica y observando la relevancia de conocer los niveles de resiliencia docente así como sus fluctuaciones y singularidades, los objetivos principales que se persiguen con la presente tesis doctoral son los de describir las características principales en cuanto a resiliencia, autoconcepto, IE, desmotivación, estrés y burnout de los docentes; comparar y analizar las posibles diferencias entre la resiliencia, las variables sociodemográficas y las variables psicológicas especificadas anteriormente de los docentes;
determinar las posibles relaciones entre la resiliencia de los docentes y los factores psicosociales mencionados; y crear un perfil docente a partir de los niveles de resiliencia, desmotivación, estrés, autoconcepto e IE en docentes españoles, comprobando las posibles diferencias respecto a las variables sociodemográficas o los niveles de burnout.
El estudio se ha realizado con un enfoque metodológico cuantitativo, con un alcance descriptivo-exploratorio y correlacional, un diseño no experimental y un corte transversal, siguiendo un proceso ex post facto e inductivo. La muestra se compone de un total de 422 docentes en activo en etapas universitarias (64%, n = 270) y no universitarias (36%, n = 152) pertenecientes a guarderías, colegios, institutos y centro universitrario de Almería (España), con una edad media de 44.05 años (DT = 10.34, entre 19 y 71 años), una media de 16.77 años de experiencia docente (DT = 10.84, entre 1 mes y 49 años) y una distribución del 55.5% (n = 234) en el sector femenino y 44.5% (n = 188) en el sector masculino.
Para la recogida de datos se utilizó una hoja de autorregistro, con la que se recogieron las variables de índoles sociodemográfica, la Escala de la resiliencia CD-RISC (Connor y Davidson, 2003); Autoconcepto Forma-5 (AF-5; García y Musito, 1999); la Emotional Intelligence Inventory for Senior Citizens (EQ-i-M20; Pérez, Gázquez, Mercader y Molero, 2014); La Dimensión de desmotivación docente de la Escala de Evaluación del Estrés Docente (ED-6; Gutiérrez, Morán y Sanz, 2005) y el Cuestionario Breve de Burnout Revisado CBB-R (Pérez, Molero, Martos y Gázquez, 2018); la Escala de estrés Percibido (Cohen, Kamarck y Mermelstein, 1983). En el análisis de los resultados se utilizó el programa estadístico SPSS en su versión 25.0, realizando el estudio descriptivo básico a través del análisis de medias y frecuencias. Teniendo en cuenta la distribución en base a la línea de normalidad, se realizaron pruebas paramétricas y no paramétricas según correspondiese. Se realizó el análisis comparativo a través de T de Student, ANOVAS de un factor, U de Mann Whitney y Test de Kruskal-Wallis. En el análisis correlacional, se ha empleado la r de Pearson junto con un modelo de regresión lineal múltiple por pasos (Stepwise) y regresiones lineales simples.
Por último, se ha realizado un análisis de conglomerados en dos fases a través del método de clúster bietápico, acompañándolo con el correspondiente análisis comparativo entre conglomerados y con otras variables.
Como principales resultados, de manera general los docentes poseen unos altos niveles de resiliencia, de IE y de autoconcepto; bajos o muy bajos de desmotivación, moderados de estrés y moderados o bajos de burnout. No existen diferencias significativas entre los niveles de resiliencia, el género, la edad y los años de experiencia docente, pero sí en tres de sus dimensiones, siendo las mujeres, lasdocentes con menos edad y menos experiencia laboral las que mayores niveles presentaban. Los docentes de etapas no universitarias presentaban mayores niveles de resiliencia, autoconcepto, desmotivación, pero no se encontraron diferencias estadísticamente significativa de manera general entre la inteligencia emocional (a excepción de la dimensión “interpersonal”, donde puntuaron más alto los docentes no universitarios, y la de “adaptabilidad”, con mayores puntuaciones en los docentes universitarios);
el burnout (excepto la dimensión de “insatisfacción”, con mayor puntuación por parte de los docentes no universitarios, y “clima Social”, con mayor en los universitarios); ni en el estrés.
Los docentes con mayores niveles de resiliencia mostraron altos niveles de autoconcepto y de inteligencia emocional; y bajos de desmotivación, burnout y estrés. En el análisis correlacional, se pudo observar que la resiliencia guardaba una correlación positiva y fuerte con el autoconcepto y la IE (factores positivos), pero negativa y fuerte entre la desmotivación, el estrés y el burnout (factores negativos). En cuanto al análisis predictivo, se puede observar que el autoconcepto, la IE y la desmotivación predicen el 43.7% de la resiliencia, siendo el que mayor valor explicativo tenía el autoconcepto. Por otra parte, la resiliencia tenía un valor predictivo sobre el estrés del 17.2%, y sobre el burnout del 15.3%. Por último, se ha determinado un modelo explicativo del perfil docente separado en cuatro conglomerados con diferencias significativas entre ellos, todos con altos niveles de IE, pero con un incremento en los niveles de resiliencia, autoconcepto y disminución de la desmotivación y estrés desde el primer al último clúster. El primer clúster desarrolla más niveles de burnout, mientras que el último es el que menos niveles ha presentado. No existen diferencias significativas en cuanto a las variables sociodemográficas y la pertenencia a un clúster, pero sí entre el nivel educativo en el que se imparte docencia, donde los docentes no universitarios suelen estar en el segundo perfil, mientras que los docentes universitarios se encuentran repartidos de manera homogénea entre los tres primeros.
Como principales conclusiones, es necesario seguir investigando los niveles de resiliencia docente, las diferentes variables que puedan influir en su desarrollo, como el sentido del humor, la autoeficacia, las creencias religiosas, el ejercicio físico realizado, entre otros, así como determinar la relación entre la capacidad de resiliencia y la aparición de otro tipo de patologías y trastornos psicológicos presentes en la rama docente, como la ansiedad o la depresión.
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