La falta de agua es un problema secular y el mayor de la agricultura alicantina. El sector agrario ha venido adaptándose a sus condiciones climáticas y de escasez hídrica mediante importantes infraestructuras y nuevos sistemas que faciliten el aporte de agua (captación de aguas subterráneas, depuración y reutilización, desalinización de aguas salobres y marinas, etc.), pero la pujanza de otros sectores de la economía alicantina ocasiona una intensa competencia entre el suelo urbano, turístico, industrial y agrario, así como en el reparto de recursos hídricos.
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