La instalación de la Casa de la Contratación en 1503 permitió gestionar el tráfico comercial entre el puerto sevillano y el Nuevo Mundo. Junto a ello, la creación del Consulado de la Universidad de Mercaderes en 1543 fortaleció el papel de los comerciantes en la ciudad. La imperante necesidad de contar con un espacio propio donde realizar sus transacciones y así abandonar las gradas de la Catedral, derivó en el levantamiento de una nueva construcción bajo el diseño de Juan de Herrera: la Casa Lonja. Las intervenciones efectuadas sobre el edificio entre los siglos XVII a XIX alteraron la concepción original del arquitecto real. Entre ellas, destacaron las obras realizadas por el Consulado Marítimo y Terrestre a partir de 1791 ante la necesidad de dotar de mayor dignidad y espacio a sus dependencias en la planta baja del edificio. A este respecto, se presentaron dos proyectos realizados por los arquitectos Félix Caraza y Manuel Núñez, en los que manifestaron su desigual forma de entender la arquitectura. Finalmente, fue Caraza quien se encargó de ejecutarlas, ocupando la dirección de las obras hasta finales de siglo. En las primeras décadas del XIX, junto con el establecimiento de las Cátedras de Comercio, Idiomas y Agricultura, se concluyeron los trabajos bajo la supervisión de Melchor Cano.
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