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Margarita Ruiz Silva
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La memoria como invocación experiencial propicia espacios de encuentro, genera niveles de identificación y empatía; trae al presente prácticas significativas que han estado en la familia, la comunidad o la cultura por algunos años, o de manera inmemorial posibilitando la construcción de sentidos y significados individuales y colectivos. La memoria gastronómica tiene una característica especial: “Es un tipo de memoria que estaría dentro de la cultura oral pero que no solamente se sustenta en el lenguaje verbal, sino que pone en juego la memoria del cuerpo y los sentidos de la vista, el olfato, el tacto y el gusto” (Pernasetti, 2011). Cuando el escritor brasilero Jorge Amado murió (célebre por incluir platos de la cocina popular en sus libros), Fernando Henrique Cardoso dijo sobre su obra literaria: “seduce a los cinco sentidos, llena de colores, sonidos, perfumes, sabores y texturas” (Clavo y Canela, 1958). Por su parte Doña flor y sus dos maridos (1966) propicia que el lector reavive su experiencia gastronómica con algunos platos por medio de la narración. Algunos de esos platos ahora hacen parte del patrimonio gastronómico de Brasil; literatura y memoria gastronómica se evocan a través de los sentidos.
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