Madrid, España
En 2016, el Mar Menor fue portada de muchos periódicos nacionales e internacionales porque se transformó en una gran ´sopa verde´ y despertó la irritación de muchos veraneantes y vecinos de la laguna. Este suceso fue el síntoma más llamativo de algo que los científicos venían indicando desde hace décadas: que el Mar Menor estaba sufriendo eutrofización por causas antropogénicas. La turbidez verde redujo la luz en el fondo del mar provocando la muerte de muchos organismos fotosintéticos y con ello la reducción de todas las poblaciones de peces, caballitos de mar y demás animales que dependían de ellos. Además, en 2019 se produjeron varios eventos de lluvias torrenciales que drenaron a la laguna toneladas de sedimentos de los campos agrícolas cercanos incluyendo toneladas de fertilizantes que promovieron el crecimiento de algas invasoras filamentosas y mucilaginosas provenientes de esas aguas dulces, que cubrieron las algas endémicas asfixiándolas. Las algas muertas se acumularon en el fondo promoviendo la formación de lodos anaeróbicos que en algunas zonas provocaron anoxia y episodios de muerte de muchos peces que también terminaron acumulándose en las orillas
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