Cuando vas a un supermercado y compras un paquete de cereales o de galletas para el desayuno o unos bombones, realmente ¿qué estás comprando? Estás comprando un producto que es más que el contenido: cereales, galletas o bombones. Lo que has elegido es un tipo de alimento concreto, con un envase, una marca y un precio. Estos son los cuatro elementos que componen un producto. Si la compra es prevista, lo prioritario es el alimento en sí. Es lo que vas buscando. Aunque también puede ser que, de repente, descubras algo inesperado, te apetezca y te lo lleves. En cualquier caso, lo primero que habrás visto es el envase, que debe llamarte la atención, atraerte y dar respuesta a tus estímulos de compra (por ejemplo, no es lo mismo que lo quieras para consumir en casa que para regalar); lo segundo es la marca, que es un garante de calidad, de fiabilidad; y, por último, el precio ¿puedo pagarlo? ¿me parece caro? ¿tan barato que me genera desconfianza?
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