Vivimos tiempos difíciles, pero también llenos de retos sin precedentes a los que las universidades han de responder de una manera tan eficiente como sostenible. Uno de ellos deriva del progresivo desarrollo y diseminación de la Inteligencia Artificial (IA) y, más específicamente, de los modelos generativos de lenguaje (LLM). Este artículo expone y profundiza en el impacto que estas nuevas tecnologías pueden y deben tener en relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en especial el cuarto, y más concretamente dentro de la educación superior. Más allá de los aspectos positivos que sin duda acarrea, reflexionaremos sobre cómo la adopción descontrolada y desmedida de la IA puede socavar tanto el pensamiento crítico como la calidad educativa. No debemos olvidar que, históricamente, las universidades han sido los baluartes del librepensamiento, redundantemente crítico, algo completamente alejado de una aceptación acrítica tan directa y fácil como la que solemos tener ante la generación de ideas que nos proporcionan los LLM. La facilidad de acceso y uso de estos modelos promueve una menor resistencia al esfuerzo, intensificando de manera silente la polarización ideológica o, como mínimo, su simplificación excesiva en sesgadas cámaras de eco disfrazadas de inteligencia donde predominan opiniones que refuerzan creencias preexistentes, la desinformación o directamente las noticias falsas. Estos sesgos, por supuesto, afectan asimismo a otros ODS como, por ejemplo, la igualdad de género. Por ello abogamos por un enfoque equilibrado, tan ineludible como sabio, donde la tecnología sea usada de forma responsable para enriquecer el pensamiento crítico y nuestra esencia más humana, y no para que la humanidad se someta a ella en lo que podríamos denominar un esclavismo tecnológico, entendiéndola no como un fin en sí misma sino como una poderosa aliada. Así, promoviendo una educación que favorezca un análisis crítico genuino y diverso, la educación superior, para seguir siendo precisamente superior puede y debe tomar cartas en el asunto sin dilación, sin temor, ni temblor.
We live in challenging times, but also in times filled with unprecedented challenges to which universities must respond in a manner that is both efficient and sustainable. One such challenge stems from the progressive development and dissemination of Artificial Intelligence (AI), and more specifically, from Large Language Models (LLMs). This article explores and delves into the impact these new technologies can and should have concerning the Sustainable Development Goals (SDGs), particularly the fourth goal, and more specifically within higher education. Beyond the undoubtedly positive aspects, we will reflect on how uncontrolled and excessive adoption of AI can undermine both critical thinking and educational quality. We must not forget that historically, universities have been bastions of free thought, redundantly critical, something entirely distant from an uncritical acceptance as direct and easy as the one we often have towards the generation of ideas provided by LLMs. The ease of access to and use of these models promotes less resistance to effort, silently intensifying ideological polarization or, at the very least, its excessive simplification in biased echo chambers disguised as intelligence, where opinions that reinforce pre-existing beliefs, misinformation, or outright fake news predominate. These biases, of course, also affect other SDGs, such as gender equality. Therefore, we advocate for a balanced approach, as inescapable as it is wise, where technology is used responsibly to enrich critical thinking and our most human essence, and not for humanity to be subjected to it in what we might call technological enslavement, understanding it not as an end in itself but as a powerful ally. Thus, by promoting an education that fosters genuine and diverse critical analysis, higher education, to remain precisely superior, can and must take action without delay, without fear, and without trembling.
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