Partiendo de la idea de que la experiencia estética puede ser calificada como una fuente autónoma de conocimiento, el autor justifica la existencia de lo bello y del arte en general como refugio, protesta y utopía en contraposición a la arbitrariedad del todo vale. El autor reniega de la idea de que cualquier objeto puede ser arte poniendo de relieve como esta premisa constituye la base de lo que entendemos como cultura popular.
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