Barcelona, España
Algunas palabras que parecen entrar por casualidad en el ámbito educativo, de algún modo, muestran los grandes desequilibrios en los que vivimos y que acabamos naturalizando. Una de esas palabras-estrella es la de salud mental. ¿Por qué la cuestión de la salud mental está en el candelero en la escuela y fuera de ella? Preocuparnos por el bienestar de las criaturas y de sus contextos de vida tiene sentido, pero sin darnos cuenta caemos en la transformación de las criaturas en etiquetas, lo que desresponsabiliza a los adultos y al contexto. Aparentemente reduce el estigma porque es nombrado de forma “natural”, pero, a la larga, produce efectos perturbadores ya que lo amplifica e, incluso, se puede llegar a banalizar el sufrimiento. Esta es una paradoja de la irrupción de palabras procedentes del ámbito de la salud en nuestras vidas cotidianas. Este texto pretende ser una invitación a una vuelta a la poética de lo cotidiano. Hablamos de poética porque la escuela, como parte de la vida, no debe cerrase a unos determinados lenguajes, sino que necesita recuperar la palabra, la escucha, la conversación. Por ello es primordial encontrar palabras que no fracturen las conexiones entre lo subjetivo y lo social, entramado que hace de cada persona un ser original, evitando de este modo caer en otras palabras que nos llevan a deslizarnos rápidamente a la patología y nos encierran en significados predeterminados creando identidades fijas y realidades estáticas.
-Some words that seem to enter the field of education by chance, in a way, show the great imbalances in which we live and which we end up naturalising. One of these star-words is mental health. Why is the issue of mental health in the spotlight in schools and out of school? Concerning ourselves with the well-being of children and their living contexts makes sense, but we inadvertently fall into transforming children into labels, which de-responsibilises adults and the context. This apparently reduces stigma because it is "naturally" named, but in the long run it has disturbing effects as it amplifies it and can even trivialise suffering. This is a paradox of the irruption of words from the field of health into our daily lives. This text aims to be an invitation to return to the poetics of the everyday. We speak of poetics because the school, as part of life, should not close itself to certain languages, but needs to recover the word, listening, conversation. It is therefore essential to find words that do not fracture the connections between the subjective and the social, the framework that makes each person an original being, thus avoiding falling into other words that lead us to slide quickly into pathology and lock us into predetermined meanings, creating fixed identities and static realities.
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