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La inteligencia artificial y el valor del trabajo

  • Autores: Jesús Marcial Conill Sancho
  • Localización: Marketing y comunicación en ética empresarial. XXIX edición del Congreso EBEN España: libro de actas / coord. por Abel Monfort, Susana Fernández Lores, 2022, ISBN 978-84-18944-79-6
  • Idioma: español
  • Texto completo no disponible (Saber más ...)
  • Resumen
    • La inteligencia artificial y el valor del trabajo Jesús Conill (Universidad de Valencia) Una de las características de la denominada “cuarta Revolución Industrial” es la introducción de la robotización, los Big Data y la IA. Se acelera así un proceso de transformación social en todos los ámbitos de la vida: producción, trabajo, consumo, relaciones sociales, política, etc. Sin duda, aporta impactos positivos, pero se suele insistir en que la robotización y la IA en el ámbito laboral provocan también una destrucción masiva de empleos. Una vez más, el progreso técnico es ambivalente. No obstante, ante esta sensación generalizada, cabe reflexionar al menos en un doble nivel. Primero, analizar el proceso por el que la innovación tecnológica repercute en el trabajo: por ejemplo, si realmente la robotización implica una disminución sin más de los puestos de trabajo, si esta constatación es a corto, medio o largo plazo, así como si este proceso supondría una posible recualificación de los trabajadores o necesariamente su sustitución. Porque en ocasiones se aducen datos contradictorios sobre tales procesos: algunos muestran que en el plazo de unos años la digitalización y robotización son compatibles con el aumento del número de trabajadores (por ejemplo, la fábrica de Seat en Martorell) (Bernardo Villazán). Es un asunto que habría que aclarar con datos verídicos en la opinión pública. Y, en segundo lugar, no habría que someterse pasivamente a un determinismo tecnológico, sino reorganizar el marco institucional y proponer unas políticas que orienten el desarrollo tecnológico en beneficio de los ciudadanos con criterios de justicia social. Entre ellas, se ha llegado a proponer una especie de nuevo “Plan Marshall” para educar en nuevas habilidades, es decir, una nueva capacitación laboral para que la nueva transición tecnológica pueda ser también “justa” (Robert Skidelsky ). El horizonte de la justicia social debería ser el marco en que se desarrollaran todos los procesos socio-tecnológicos, de manea que contribuyeran a mejorar la calidad y el funcionamiento de las actuales democracias.

      De lo contrario, se estaría favoreciendo en este ámbito la aporofobia (Cortina) y el incremento de las desigualdades injustas. Por ejemplo, cabe pensar en una nueva reducción de la jornada laboral, ampliar el tiempo libre y de ocio, y estar alerta para desactivar la hiperconectividad laboral; también cabría empoderar a los trabajadores mediante la adquisición de nuevas habilidades y competencias (como trabajar en equipo y estimular la creatividad) e impulsar una amplia recualificación de la población activa. A la vez hace falta poner en marcha una nueva política de protección social, que atienda de modo innovador y flexible a las nuevas necesidades en los períodos de transición en los que se intensifica la innovación tecnológica, mediante ingresos garantizados no necesariamente vinculados al trabajo (empleo). De ahí la necesidad de revisar la fiscalidad, de tal modo que permita financiar la protección social justa, dado que un adecuado sistema fiscal constituye un medio para garantizar la justicia social. Seguramente harán falta nuevos impuestos sobre los robots o las empresas tecnologizadas, a fin de que los procesos tecnológicos redunden en beneficio de los ciudadanos, en vez de crear nuevas brechas de pobreza y desigualdad, que al final se convierten en bolsas poblacionales de desafección democrática.


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