Javier Reyes Acuña (Haría, 1926) desarrolló su carrera de fotógrafo en la larga posguerra española y en un contexto extremadamente marginal y pobre: el norte de Lanzarote y sus islotes. De formación autodidacta, este autor compatibilizó su modesto estudio con otras profesiones entre 1943 y 1972, sin albergar aspiraciones artísticas ni destacar por la ortodoxia técnica de sus imágenes, aunque si por el mimo artesanal y la frescura con las que fueron concebidas. En esta ponencia, queremos demostrar que a pesar de ese panorama aparentemente tan poco alentador, su colección alberga una serie de valores patrimoniales que hacen que trascienda la memoria meramente local. Por un lado, el archivo de Reyes mantiene unos elementos históricos destacados, basados en el detallado y cercano retrato que hizo del humilde día a día de campesinos, marineros o artesanos, es decir, de sectores de la población muy ignorados por la fotografía oficial y artística de esa época, volcada principalmente en una visión edulcorada o escapista de la realidad del país. Además, esa radiografía fotográfica y antropológica de estos grupos sociales se realizó cuando estaban a punto de cambiar sus ancestrales modos de vida por completo con la llegada del turismo, como pasaría en muchas zonas de Canarias y la Península, lo que hace que muchas lecturas de este archivo sean trasladables a otros espacios rurales con características similares. Por otro lado, la pertenencia de Javier Reyes a ese mundo le permitió explotar, desde la falta de intencionalidad casi absoluta, dos de las grandes virtudes de la fotografía, especialmente en su versión más documental:
la veracidad y la espontaneidad.
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