Desde mi observación clínica como psicóloga, he podido constatar a través de la práctica clínica, que se han incrementado los niveles de ansiedad y angustia de manera importante, además de la aparición de síntomas asociados a el síndrome de estocolmo, el cuál se caracteriza por una necesidad de refugio y apego al agresor, el cual, en este caso es el aislamiento social y la necesidad de refugio en el lugar más seguro para la persona como un mecanismo sintomático de protección.
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