Santiago de Compostela, España
Desde que en 1784 el rey Carlos III prohibiera inhumar los cadáveres en las iglesias y en 1787 ratificara esta decisión mediante una real orden, se fueron poniendo las bases para el nacimiento de los primeros cementerios generales que surgieron a finales del siglo XVIII y principios del XIX como verdaderas ciudades de los muertos que crecieron paralelamente a las ciudades de los vivos. Este artículo plantea reflexionar y recuperar la memoria del primer Cementerio General de Lugo, que hoy no se conserva, pero que formó parte del entramado urbano durante más de cien años y que configuró el frente meridional de la ciudad con la avenida Ramón Ferreiro y la puerta de Obispo Aguirre.
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