La sustitución de la cultura de taberna por la de bar y pub, que llegó con el paso de un estilo de vida rural a otro urbano; el prestigio social conseguido con fuertes inversiones publicitarias- más de 3.000 millones de pesetas en 1988-, y el mantenimiento de un precio asequible, justifican la popularidad creciente de la cerveza, frente al abandono progresivo del vino tradicional. De unos años a esta parte, el consumo anual per cápita de cerveza se ha disparado en España: hoy, el fruto de la cebada es, después de la leche, la bebida preferida del país. Para los fabricantes, la diversión de la oferta y la optimización productiva se encargarán de que el hábito cervecero siga fermentando también en el futuro.
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