La implosión de la URSS produjo un vacío ideológico que hubo de ser llenado con la introducción de un nuevo modelo identitario. Inicialmente se intentó aplicar el patrón occidental durante la débil etapa de Yeltsin, pero supuso un fracaso tanto político como económico. Con la llegada de Vladímir Putin a la presidencia de la Federación Rusa llegó el cambio y la estabilidad, mediante la instauración de una autocracia denominada «democracia soberana», más o menos liberal en lo económico, un enaltecimiento del patriotismo, así como una orientación cultural más rusa. Esta nueva identidad se ha sustentado, entre otros factores, en el pensamiento eslavófilo y la colaboración de la Iglesia ortodoxa, por una parte, y en el anti-occidentalismo, por otra, alteridad de la que Putin se ha servido para afianzar la singularidad de Rusia.
The collapse of the USSR caused an ideological vacuum to be filled with the introduction of a new national identity. Initially, it was an attempt to apply the western pattern during Yeltsin’s weak mandate, but it proved to faile both politically and economically. When Putin came to the presidency of the Russian Federation he brought change and stability, with the development of an autocracy called “sovereign democracy”, liberal in the economic domain, together with an exaltation of patriotism, as well as a more Russian cultural orientation.
This new identity has been sustained, on the one hand, in the Slavophilic thought and the contribution of the Orthodox Church, and the anti-occidentalism, on the other hand, otherness of which Putin has served to strengthen the singularity of Russia.
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