Un ambiente desenfadado y ajeno a estéticas vintage, junto con una sutil utilización del color y una puesta en valor de las texturas preexistentes, proporcionan un interesante ambiente a este pequeño bar y restaurante barcelonés.
Un bar de vinos y platillos situado en pleno corazón del Eixample.
Con la distribución curiosa del local en forma de “U”, el restaurante Gresca y el bar Gresca tienen entradas separadas (los palos de la “U”) y comedores en forma de tubo que, al fondo del local (la base de la “U”), se unen en una cocina muy bien equipada, a la vista del cliente, para servir a ambos comedores.
Frente a la cocina aparece una barra de seis plazas para que los gastrónomos puedan ver y disfrutar en directo del “showcooking” de Rafa y su equipo.
En la zona del bar hay una barra en la entrada y unas mesas a continuación, logrando de este modo un espacio “vivido” por la cercanía de las mesas, típico de los bares de vinos franceses, pura inspiración para el desarrollo de la idea.
Los colores verdes y rojos predominan y conviven con materiales autóctonos como la piedra de San Vicenç, utilizada para la construcción de las barras y cocina, y la piedra original de las paredes, repicada y conservada para lograr un ambiente canalla y cercano, sin sofisticaciones innecesarias, ya que para Rafa lo importante eran los vinos acompañados de una comida sencilla y directa.
La fachada de acceso y las lámparas diseñadas especialmente para el local son un guiño al verde inglés, muy típico del ambiente de los pubs y billares.
Para la zona del restaurante existe un proyecto de interiorismo pendiente, para su futuro desarrollo.
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