Uno de los mayores problemas que se plantean a la hora de intervenir en un juicio es no saber el tiempo del que se dispone para realizar la exposición. En ocasiones, con pocas palabras, las partes ya han obtenido una respuesta que les es útil para sus alegatos, por lo que no se da la ocasión de poder explicarse con mayor extensión y claridad.
Si a esta problemática le añadimos lo que representa emocial y físicamente asistir a este tipo de actos solemnes, la exposición en sala puede parecer inadecuada o que se desvirtúe todo el dictamen a causa de la falta de autocontrol y de los nervios.
Por eso, es necesario que preparemos de manera adecuada la comparecencia. Debemos ser conscientes del mensaje que queremos transmitir en la declaración para que llegue de forma clara y comprensible.
Todo suma en la valoración de nuestro dictamen. Por ello, debemos atender a la imagen personal, al modo de exponer nuestros criterios mediante el tono de voz, a la postura en sala o a la mirada hacia nuestros interlocutores.
Las habilidades comunicativas y la gestión del tiempo son los grandes enemigos del perito pero, si entrenamos en nuestra exposición y nuestro comportamiento en sala, estos conceptos se convertirán en aliados en nuestro testimonio.
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