La complejidad, a veces menor y otras veces mayúscula, de las pruebas periciales exige dotar a los juzgadores de las herramientas procesales, indispensables para lograr, o al menos incentivar, su compresión de las afirmaciones realizadas por los expertos. A diferencia de la estrategia más habitual de limitar toda la discusión sobre la calidad de las pruebas periciales a la valoración de las mismas, como si de un mero resultado se tratase, se defenderá que si se presta atención al proceso de presentación y análisis de la información experta no sólo se mejoraría a priori el uso de ésta, sino que sólo así los juzgadores pueden satisfacer racionalmente la tarea de valorar tales elementos de juicio. En esa línea, se prsentarán algunas sugerencias que deberían preverse en cualquier regulación sobre la admisión y la práctica de las pruebas periciales.
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