Hay innumerables intentos por definirla, unos más creativos que otros. “Cuentos de verdad”, de García Márquez. “El ornitorrinco” de Juan Villoro. “Literatura a ras del piso”, de Cándido. Caparrós y “el intento fracasado de atrapar el tiempo”. Yo he arrimado la idea del cronista como un buzo de profundidad, el que se zambulle en un espacio determinado de las aguas rápidas de la realidad, se deja ir al fondo, con peso y ganas, y avanza lento, incluso a contracorriente, por la oscuridad profunda con la expectativa de hallar lo que otros no pueden ver.
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