La costa de Granada es un territorio definido por dos características básicas: el mar, como no podía ser de otra manera, y un abrupta montaña, que a veces cae directamente sobre él. Por su realidad física puede presentar dificultades para el asentamiento de poblaciones, pero tiene los elementos suficientes, e incluso más, para la instalación de gente y para la recepción de foráneos. Desde fechas tempranas se han ido asentando pobladores que le han dado un carácter abierto y que le han permitido instalar innovadoras formas de vida. Se estableció un mecanismo productivo muy rico, gracias al cultivo de áreas bajas y con importantes sedimentos, y también al aprovechamiento de la riqueza pesquera y marítima.
Está dividida en varias zonas. De la más oriental, que ocupa las Sierras de la Contraviesa y Lújar, con pocos espacios llanos y con un poblamiento esencialmente rural, se pasa a la zona media, centrada en el delta del Guadalfeo, siendo Salobreña el punto más importante, para llegar al límite con el área malagueña, en la parte occidental costera granadina, con Almuñécar como la ciudad de todo el conjunto.
Las formas de vida han dejado su huella en el paisaje actual. De la época antigua hay numerosos testimonios, destacando las villae romanas y las construcciones públicas sexitanas; de la medieval, las fortificaciones que jalonan la línea marítima; y de los tiempos modernos y contemporáneos, el azúcar desarrolla una historia en la que la producción industrial alcanza su punto más elevado. Este paisaje conforma un verdadero patrimonio entre el mar y la montaña.
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