En 2012 la cruda realidad ha demostrado que el mercado de la televisión es infinito. Los nuevos operadores y canales surgidos con la implantación de la TDT suponen un coste a las cadenas que tal como está el panorama publicitario dificilmente se puede rentabilizar. De este modo las fusiones de los grandes operadores generalistas nos llevan a un escenario de duopolio, donde se concentra la audiencia y las inversiones publicitarias, con recortes en las televisiones públicas, empezando por TVE, y donde los grandes productores de contenido, cuyo territorio natural era la televisión de pago, están encontrando un hueco en la televisión en abierto. Y mientras sucede esto la televisión conectada se abre paso en los hogares de los consumidores españoles.
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