Partiendo de la no repetición de la historia, a pesar de la obstinación de algunos en cometer una y otra vez los mismos errores, la analogía resulta tan tentadora como peligrosa en el quehacer del historiador. Atravesamos por unos momentos de evidente deterioro de nuestras instituciones, circunstancia que debería hacernos reflexionar. En el curso de la última centuria podríamos encontrar varios episodios de este tipo que nos sirvieran para esta introspección. Alguno se saldó de manera especialmente trágica; en otros, el drama fue menor; pero en todos, las secuelas fueron gravemente negativas. En 1909 se produjo una de esas coyunturas. Las diferencias con el actual estado de cosas son grandes, sin duda, pero tal vez no esté de más que hagamos una lectura de lo ocurrido. La Corona, la Iglesia, el Ejército, el gobierno y los partidos políticos se vieron atrapados en la Semana Trágica, sufrieron sus consecuencias, y con ellos el conjunto de la sociedad española.
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