Frente a la fugacidad y el miedo al engaño las imágenes comenzaron siendo el referente de certeza y autenticidad. Ahora ya sucede con frecuencia que las imágenes son la herramienta de la ficción, del engaño y el disfraz. Ya no solemos identificar las dificultades en la dimensión corporal, sino en la temporal: para ser, para pensar, para comunicarnos.,, necesitamos tiempo. Tiempo para entender y entendernos. La dificultad es sobretodo la temporalidad.
Venimos de una historia reciente en la que era necesario combatir por el derecho para "hacer": reclamábamos el derecho a la actividad. Ahora insólitamente a muchos niños hay que exigirles que se muevan.
No hace mucho que reivindicábamos el derecho a desear. Era necesario afirmar el derecho al placer como espacio de encuentro. Ahora a menudo nos hace falta proclamar más la esperanza que el deseo. Sobretodo hemos de afirmar que el futuro es posible.
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