No será fácil defender una opción a favor del silencio que no suene a refugio o a huida de los problemas reales de la sociedad. El Educador Social se plantea en estas líneas que siguen, su ser y su quehacer desde la realidad del silencio. Un silencio que ha pasado en poco tiempo de ser una realidad cotidiana a convertirse en un bien escaso y mercantilizado, o un objeto más de consumo. Podría ser triste que ante un reto de tales circunstancias el Educador Social lo obviara desterrándolo al más cruel de los castigos, el olvido.
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