A excepción de algunas referencias de la primera mitad del Novecientos y varias alusiones breves en obras de carácter general, los estudios que han tomado en consideración la figura de María de Castilla, reina de Aragón, no dan comienzo hasta la primera década del siglo XXI. Entre las facetas de la reina que más han interesado destacan su activo papel político como lugarteniente del Magnánimo, su labor mediadora y pacificadora y la organización de su casa. Sin embargo, encontramos también reflexiones sobre el mundo devocional de María de Castilla y su actividad promotora.
En este sentido, diferentes estudios han subrayado la vinculación de la reina con varias instituciones eclesiásticas. Algunas de ellas fueron: el monasterio de Nuestra Señora de Montserrat, el de predicadores dominicos de Lérida, el cenobio de San Jerónimo de Vall d’Hebron7, el convento de San Antonio de Barcelona8 y, para finalizar, el monasterio franciscano de Santa María de Jesús
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