Nos inclinamos delante de esta sabiduría y confirmamos de inmediato tal realización por parte de un maestro digno, recordando nuestros mejores momentos de clases que respiraban armonía entre aprendiz y profesor. Sin embargo, deberíamos acordarnos mucho más de los momentos cuando, por falta de tiempo o paciencia, convidamos a los estudiantes a la casa de nuestra sabiduría y no les ayudamos a construir la suya propia (más aún cuando somos profesores de lenguas).
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados