Hoy en día, tanto en el ámbito del discurso como de las políticas educativas, todo se trata de aprendizaje.Como una sociedad de aprendizaje intensivo, tenemos que encontrar formas de maximizar los logros deaprendizaje e investigar cómo poder hacerlo de forma eficiente y efectiva. Mientras tanto, hay muchas voces que abordan de manera crítica este foco en el aprendizaje.Cuestionan no solo la capitalización e instrumentalización que dicho foco supone, sino también larelevancia de la noción misma de aprendizaje para la teoría y la práctica de la educación. De hecho, estasúltimas vuelven a poner énfasis en la noción de educación, ya sea concentrándose en el aspecto de«enseñanza» o revalorando la idea de «estudio» (Biesta, 2013; Blacker, 2013; Lewis, 2013; Simons yMasschelein, 2008). Este artículo, si bien se muestra en la línea de estas voces más críticas, se basa en laconvicción de que para lograr resistir a los discursos y políticas centradas en el aprendizaje y para recuperar lanoción de educación es provechoso reconsiderar cómo entendemos la escuela, sin reducirla de modoinmediato a una institución normalizadora o funcional.
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