Para América Latina, el siglo XXI trajo consigo un acelerado proceso de reprimarización económica (Acosta 2011a; Lander 2014) debido a las distorsiones provocadas por una "nueva" arquitectura del concierto internacional. Economías emergentes como la de China o la India, debido a su vorágine desarrollista, requerían materias primas para sus procesos acelerados de industrialización (Acosta y Cajas Guijarro 2016). Estas necesidades de gran escala ocasionaron aumentos inusitados de los precios internacionales de los commodities, ligados a dinámicas internacionales (Acosta 2011a) con profundas repercusiones para los territorios donde se extraen. Esto supone, entre otros aspectos, un aumento de la presión sobre sus recursos naturales (Acosta y Cajas Guijarro 2016).
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