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Se propone una lectura de los entornos virtuales como espacios de resistencia nos conduce por una travesía pedagógica que se resiste a las narrativas funcionalistas de la virtualidad. Más que un texto técnico, el capítulo se presenta como una grieta poética-política que encarna la experiencia docente desde una praxis situada, crítica y afectiva. Lejos de concebir la virtualidad como un apéndice educativo o una solución de emergencia, el autor propone el aula expandida como un territorio simbólico de resistencia, cuidado y reimaginación de lo educativo. A través de tres movimientos clave —habitabilidad digital, pedagogías de resistencia y diseño como gesto poético-político— se despliega una concepción del aula digital no como espacio instrumental, sino como hábitat afectivo donde se tejen presencias, narrativas y vínculos. La educación transgénica, el aula invertida resignificada y el storytelling digital emergen como estrategias que no sólo habilitan el aprendizaje, sino que dignifican la existencia de quienes lo habitan. El diseño instruccional, lejos de ser una técnica de domesticación, se transforma en escenografía ética: cada interfaz, cada consigna, cada silencio es leído como una oportunidad para hospedar lo humano. Así, el aula expandida no es un espacio simplemente ampliado por la tecnología, sino un campo de disputa por el sentido de lo educativo en tiempos de algoritmos, vigilancia y cuerpos fragmentados.
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