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Edith Mercedes Robles Vera
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Narcisa Maribel Cedeño Cevallos
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Gema Isabel Zambrano Álvarez
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El presente capítulo profundiza en el desarrollo de la autonomía como competencia esencial en la educación básica, resaltando su carácter formativo, ético y social. La autonomía no se concibe como una habilidad innata ni como un simple acto de independencia, sino como una construcción progresiva que requiere condiciones pedagógicas específicas, mediación docente, y una cultura escolar que promueva la toma de decisiones responsables. Desde un enfoque socioconstructivista y apoyándose en autores como Piaget, Freire, Deci y Ryan, se analiza cómo la autonomía integra dimensiones cognitivas, emocionales y sociales que deben ser trabajadas intencionadamente desde las primeras etapas escolares.El texto propone estrategias concretas, como el aprendizaje basado en proyectos, las estaciones de trabajo, las rutinas de pensamiento, los contratos de trabajo y la tutoría entre pares, que facilitan la autorregulación, la participación y el pensamiento crítico. Asimismo, se examinan obstáculos frecuentes para su implementación: estructuras escolares verticales, prácticas pedagógicas tradicionales, formación docente limitada y escasez de recursos. A pesar de estas barreras, las experiencias recogidas demuestran que es posible construir espacios de aprendizaje donde los estudiantes sean protagonistas, siempre que exista una acción docente coherente, reflexiva y comprometida.Se concluye que fomentar la autonomía no implica renunciar a la guía del maestro, sino transformarla: pasar del control a la mediación, del mandato a la confianza. Solo así se puede formar sujetos críticos, capaces de aprender con sentido y de actuar con responsabilidad en contextos complejos.
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