El presente capítulo examina el rol del liderazgo directivo en la configuración de una cultura institucional centrada en el aprendizaje. A través de un enfoque crítico y contextualizado, se argumenta que el liderazgo escolar contemporáneo debe trascender la gestión administrativa para asumir una función pedagógica, ética y transformadora. El texto sostiene que los directivos son agentes clave en la creación de condiciones que favorezcan la mejora continua, la equidad educativa y la participación de toda la comunidad escolar. Se expone cómo una cultura institucional orientada al aprendizaje exige visión compartida, liderazgo distribuido, colaboración profesional, evaluación formativa e innovación permanente. Estas dimensiones se articulan mediante prácticas como el acompañamiento pedagógico, la construcción de comunidades de aprendizaje, el uso de datos para la toma de decisiones y el fortalecimiento del clima institucional. El liderazgo efectivo, en este contexto, implica diálogo, escucha activa, coherencia y compromiso con el bienestar y el desarrollo integral de los estudiantes.El capítulo presenta además experiencias relevantes en el contexto ecuatoriano, demostrando que es posible transformar las escuelas incluso en condiciones adversas, siempre que exista liderazgo comprometido, visión estratégica y participación colectiva. En definitiva, se propone una gestión escolar centrada en el aprendizaje como una práctica relacional y ética, capaz de resignificar la escuela como comunidad que aprende.
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