Santo Ildefonso, Portugal
La Revolución portuguesa, además de ser la consecuencia lógica de los últimos quince años de la dictadura salazarista (guerra, migraciones, urbanización, desruralización, feminización de la esfera pública), debe ser leída en el contexto de la nueva cultura política que, desde finales de los años cincuenta (emancipación anticolonial, Revolución cubana, 1968), dio a las izquierdas un nuevo impulso. Este tiene poco que ver con el arranque de una tercera ola de democratización, tal y como la define Samuel Huntington, y de transiciones negociadas y de génesis liberal-democrática muy diferentes de la ruptura social y política que ocurrió en el país. El ejemplo más estudiado de esta tercera ola es el caso español. En este artículo discuto la comparación que de forma más o menos sistemática se ha hecho entre Revolución portuguesa y la Transición española, siendo la primera contramodelo positivo de la segunda, a partir de argumentos binarios como moderación/radicalidad, violencia/reconciliación, negociación/ruptura.
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