Se analiza la relación entre la comunidad magisterial y el Ayuntamiento de México. Da cuenta de los vínculos que se establecieron entre los preceptores municipales para proteger sus intereses y cómo el Ayuntamiento cubrió las demandas de exclusividad de la docencia municipal para asegurar una red clientelar y ganar autonomía en su gestión.
A lo largo del artículo se muestra como el Ayuntamiento promovió la actuación de los profesores para ejercer una práctica común, educar. Como corporación tuvo en sus manos la disposición sobre los beneficios económicos y reguló el acceso a ellos, así como la entrada a la comunidad magisterial, de manera que, sin prejuicio de la competencia de otros maestros que buscaban ventajas económicas que ofrecía el municipio, se asegurara la continuidad en la acción docente.
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