La dimensión permanente de María es su santidad, que desarrolla por su maternidad virginal. Ésta es su función histórica dentro del plan de salvación que Dios había previsto. Situada en la historia por la llamada divina, crece en su condición filial y materna siguiendo a su Hijo de una forma peculiar. La Inmaculada Concepción, pues, se sitúa en el contexto de su santidad, entendida como ausencia de pecado y como el proceso de unión con el Padre por medio de su Hijo con la potencia del Espíritu.- La relación con Dios, siguiendo los textos del NT, parte de la llamada divina en Nazaret para ser Madre del Altísimo, y termina con la donación del Espíritu junto a los apóstoles. Maria concluye su vida estando a la base de la primera comunidad cristiana por dos razones fundamentales: para señalar a su Hijo como el camino a seguir y el objetivo a alcanzar, y para amar y ser amada a fin de continuar su maternidad con los nuevos discípulos de Jesús.- La santidad de Maria tiene una estructura trinitaria, que es la que vive Francisco de Asís.
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