La obra del colombiano José Alejandro Restrepo es monumental. No solo por la hondura y complejidad de los problemas estéticos, históricos y artísticos que aborda, sino porque su actividad creadora es incansable, constante y llena de sorpresivos encuentros con lo real y con lo absurdo de lo real. La investigación parte de los inicios en el arte de Restrepo, indagando en las razones por las que ha llegado al escenario de la producción artística y cultural. José Alejandro Restrepo nació en Paris, quizás por la casualidad de la vida que llevo a su padre a vivir en la ciudad de los poetas y los artistas en 1959. Pese a que es parisino de nacimiento su trabajo se ha centrado en Bogotá, la capital de la Republica de Colombia. Inició sus estudios en Medicina, de donde se extrae ese interés perpetuo en el cuerpo como escenario de los encuentros, no solo de los circuitos y los tendones y fluidos, sino de las narrativas, los símbolos y las historias. En Paris asiste a los seminarios de Michel Foucault, historiador y filósofo francés que encabeza la lista de una buena cantidad de intelectuales nacidos en la posguerra con intereses renovados que se enmarcan en una filosofía del desencanto frente al proyecto moderno, son sus grandes ideales y grandes palabras: progreso, libertad, felicidad. Allí también conocerá al filósofo Gilles Deleuze, una de las personalidades más interesantes en esta pléyade de pensadores que inician una auténtica revolución en el pensamiento de su época. Con estos intereses descubiertos al lado de los pensadores franceses, regresa a Colombia, para trabajar con artistas de gran auge en el momento como Maria Teresa Hincapie, allí descubrirá su interés por la música, el teatro, el tiempo-duración y también las paradojas. La investigación busca ahondar en tres ejes del largo y riguroso despliegue artístico de Restrepo. El primero es Transhistorias, una autentica fabulación de lo que es el poder de la narrativa y la descripción y clasificación, en la escritura de la historia y la afectación que tiene esta en Colombia. La mirada sobre América cambia a la luz de quien esté narrando el discurso. Del mismo modo, la ciencia europea se pone en contradicción frente a las ficciones que se mezclan al factico conocimiento de la naturaleza que los grandes sabios proponen. El segundo módulo plantea siguiendo el contrapunteo del módulo anterior, la idea de que la historia es repetición y persistencia y que el progreso no es más que una entelequia. En este caso la fase de interés para Jose Alejandro Restrepo es el Barroco, no estudiado como un periodo de la historia del arte que va de 1600 a 1740, sino como acto operativo y así mismo como un aura fría, es decir, un Barroco que circula y que conecta creando chispas sorprendentes con asuntos como la violencia en Colombia. El Barroco es un estilo de pliegues abiertos y laberintos que se arraiga al modo de vida de los colombianos y puede percibirse en la literatura, la gastronomía, los usos cotidianos pero también en los absurdos de la guerra. La Gran Obra de José Alejandro Restrepo es Iconomia del año 2,000, esta obra engloba las anteriores investigaciones que el artista ha realizado con suma paciencia y rigor de arqueólogo de los relatos. Se divide en: Iconoclastia e Iconofilia. En esta obra se entretejen y se reviven los problemas históricos desarrollados en los inicios del cristianismo, cuando se desató la pugna iconoclasta en Bizancio. Restrepo llega a la conclusión de que el primer sistema económico es así mismo la administración de la imagen de Dios. De ello se sigue que en la Bizancio del siglo VIII, era lo mismo iconomia que economía, se administraba igual el flujo de dinero que el flujo de la imagen. Los iconoclastas, bando político contrario a quienes apoyan la idea de que las imágenes ayuda a los iletrados a comprender las escrituras, no eran muy diferentes de ellos. Ambos en si se muestran como grandes iconólatras y como grandes escritores y descriptores de signos visuales. Los tres ejes de trabajo se hallan conectados por los problemas de: la escritura de la historia, las grietas y rupturas de los discursos y los intersticios por donde se fugan los relatos que el poder construye. El clamor de la razón remite a ese teatro mundo donde la razón ha soñado y en este caso clama por una nueva voz y un pensamiento propio donde puede ser hallada más allá de la historia contada hasta ahora.
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