El embalse de Benagéber constituye un lugar de memoria. Memoria de quienes sufrieron la pérdida de sus hogares, hoy bajo las aguas, de quienes vieron en el proceso de construcción la oportunidad de mejorar sus vidas, de quienes fueron sometidos al trabajo como método de depuración política, de la sociedad valenciana que vio como sus sedientos suelos se transformarían en ricas tierras de cultivo, en definitiva, memoria de todos. El presente trabajo recoge el viaje retrospectivo que la autora ha realizado, a través del estudio de los edificios que componen el Poblado y Colonia Obrera de Benagéber entendidos como huellas del pasado, para reconstruir parte de la historia local que contribuyó al desarrollo y progreso general. Historia y memoria encuentran en las arquitecturas del lugar su permanencia. La destrucción o desvirtuación de alguna parte, resta identidad y carácter al conjunto. Esta consideración obliga, atendiendo a las alteraciones observadas en las últimas décadas, a extraer del análisis histórico y arquitectónico los valores esenciales de cada elemento para compatibilizar reúso y lectura histórica. Fijar líneas directrices como las que se proponen en este trabajo contribuyen a garantizar esta relación y se entienden como fundamentales para el equilibrio entre la conservación de las huellas históricas y la necesidad de transformación que la sociedad demanda.
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